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Así comienza el Capítulo 2 del libro de  Bernardo Stamateas, “Gente Tóxica”…

Una serpiente estaba persiguiendo a una luciérnaga.
Cuando estaba a punto de comerla, ésta le dijo: “¿Puedo hacerte una pregunta?”.

-La serpiente respondió “En realidad nunca contesto preguntas de mis víctimas, pero por ser tú te lo voy a permitir”.

-Entonces la luciérnaga preguntó: “¿Yo te hice algo?”,”No” respondió la serpiente. “

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?” preguntó la luciérnaga.,”No” volvió a responder la serpiente.

-”Entonces, ¿por qué me quieres comer?” inquirió el insecto. “Porque no soporto verte brillar”, respondió la serpiente.

1. Lo tuyo… ¿mejor que lo mío? ¿quién lo dijo?

Envidiar es una emoción que no sólo implica anhelar lo que la otra persona tiene, querer estar pasando por la misma circunstancia que el otro; el acto de envidiar implica mucho más: te coloca en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. La envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca voy a tener lo que el otro posee.

Sin embargo, ésto puede modificarse: si lo que te despierta envidia son los kilos que perdió tu compañera de oficina y tú estuvieras segura y convencida de que también podrías bajarlos si te lo propusieras, ¿tendrías envidia de ella? Si tu amigo consiguió un ascenso en el trabajo y tú supieras que haciendo tal o cual entrenamiento también llegarías a ese mismo nivel, ¿sentirías envidia de él? Como puedes ver, se trata de emociones evitables que terminan lastimándonos y desenfocándonos de nuestros propios objetivos.

Son emociones que lentamente nos destruyen, sin darnos cuenta de que la procesión va por dentro, como dice un viejo refrán. Bronca, dolor, ira y tristeza son sentimientos con los que nos encontramos al pensar que no hemos
alcanzado lo que otros sí tienen. Podemos envidiar un buen coche, un cuerpo espectacular, una casa maravillosa, una salud de hierro, un cargo jerárquico, un buen esposo, una mujer inteligente, el carisma de un amigo, etc. La envidia puede originarse en aquello que pensamos que no tenemos y necesitamos obtener para ser felices y en una estima pobre y lastimada que siente que si tuviera lo que el otro ha logrado, entonces sí sería feliz.

Envidiar es desear lo que el otro tiene.
La excelencia y el triunfo siempre traen envidia. Nadie envidia a un miserable o a un linyera. Se envidian los logros, el reconocimiento, la casa, el dinero, la familia, la pareja, los amigos.

Había un rey que quería saber qué era peor, si ser tacaño o ser envidioso; entonces tomó a dos personas y les dijo: “A uno le daré todo lo que me pida pero al otro le daré el doble.” Entonces el envidioso dijo: “A ver si entendí bien rey, ¿todo lo que te pida me lo darás pero al otro le darás el doble?”, “Sí”, dijo el rey. Entonces le dijo el envidioso al avaro: “Pida usted primero”; “Faltaba más”, dijo el avaro, “primero están los caballeros.” Que sí, que no; entonces el envidioso dijo: “Ok, yo pido primero, que me saquen un ojo.” La envidia es un sentimiento destructivo de alguien que pretende quitarte lo que has logrado. Si eres un hombre de éxito, siempre te perseguirán.

Presta atención a este cuento:
Había un hombre vendiendo cangrejos en la playa. Tenía dos cubos llenos de animales vivos: uno estaba cubierto con una malla y el otro tapado. Una mujer le preguntó: “¿Por qué tapó un cubo y el otro no?”entonces el vendedor respondió: “Porque vendo dos tipos de cangrejos: japoneses y argentinos. El cangrejo japonés siempre trata de salirse del cubo; cuando no lo consigue, los demás hacen una cadena, se apoyan unos a otros y así todos logran salir, por eso tuve que ponerle una tapa. Los cangrejos argentinos también tratan de escaparse, pero cuando uno intenta saltar, los de más abajo lo agarran y así ninguno escapa.”

La envidia es una profunda bronca producida por el logro de otros. La envidia es un deseo de venganza; tu brillo opaca al envidioso. La envidia acortará tu visibilidad y ejercerá la misma función que la neblina: no te permitirá ver más allá de lo que sólo está al alcance de tus ojos. La persona que envidia pasa tiempo opinando y juzgando todo lo que el otro tiene, en lugar de orientarse a alcanzar sus propios sueños, por lo cual, termina convirtiéndose en verdugo en vez de ser protagonista de su propia vida.

La envidia es un deseo de destrucción, de odio. Las muertes, las violaciones, las estafas, los engaños, los maltratos nacen por la envidia, por ambicionar lo que el otro tiene. La envidia tratará de destruirte a través de la persecución abierta o de la descalificación, de la calumnia. Su objetivo será siempre el mismo: perseguirte. Cuando te digan: “Lo que yo te digo no es para criticarte”, “Te lo digo, pero no para destruirte”, es porque te quieren eliminar. La afirmación de alguien en una conversación denota lo que esa persona tiene en su mente (de lo contrario no necesitaría aclararlo).

El envidioso dirá: “¡Ojo! No lo digo para que te vaya mal”, pero tú y yo sabemos que en el fondo su intención es que no logres tus objetivos.

“La envidia es una declaración de inferioridad.” Napoleón
Bonaparte

“La envidia es la ira de los pusilánimes.” Antonio de Solís

 “Envidia es la tristeza por el bien ajeno y pesar por la felicidad de otro.”
Meritxell Hernández

La envidia nos desenfoca y conduce nuestra energía hacia el flanco equivocado, hacia “el otro”, en lugar de buscar dentro de nosotros mismos las mejores oportunidades. Es un sentimiento tan completo y cegador que no te permite ver lo que está delante ni aquello que sólo a ti te pertenece. Recién cuando tu estima y tu yo estén seguros de sus capacidades y habilidades, cuando hayas determinado que nada te moverá del objetivo a seguir, nunca nadie más te despertará “envidia.”

2. Yo me pregunto: ¿la envidia tiene sexo?

Algunos podrán decir que la envidia es un sentimiento propio de las mujeres, el producto de largas horas telefónicas opinando acerca de qué es lo que su puso la otra, con qué hombre salió, que habrá hecho para conseguirlo, la cirugía que se hizo y no quiere contar, etc., etc., etc. Las compañías telefónicas, agradecidas, pero ésta creencia de que la envidia es exclusivamente femenina es falsa. Tal vez las mujeres son más expresivas, o quizá más libremente se animan a verbalizar lo que piensan de las otras mujeres, pero la envidia, debo decirte, no tiene sexo.

Muchos hombres también la padecen, quizás en voz baja o en susurro. Muchos llegan a sus casas y le comentan a su mujer con bronca el puesto que consiguió su compañero en el trabajo, o la camioneta 4×4 que se compró el vecino. En fin, envidia y nada más que envidia. Ahora bien, analicemos qué temperatura tienen nuestras emociones.

Toma un lápiz y responde sinceramente “sí” o “no” a cada pregunta del siguiente test. Si la suma de los “sí” da como resultado más de cuatro, tengo que decirte que… Primero anímate a hacerlo y después seguimos hablando

“La envidia va tan flaca y amarilla
porque muerde y no come.”

Francisco de Quevedo y Villegas.

• Si un amigo cercano cosecha un éxito profesional, ¿te sientes mal?
• Cuando alguien cercano a tu entorno de trabajo o vida privada actúa de forma acertada e incluso loable, ¿te cuesta felicitarlo?
• ¿Te sientes mal cuando alguien importante habla maravillas de otro que conoces?
• ¿Te sientes mal cuando en el trabajo alguien le dedica más tiempo a uno de tus compañeros que a ti?
• ¿Sientes que no recibes el mismo afecto que muchos de tus amigos?
• En las reuniones sociales ¿te gusta destacarte y ser el centro de atención?
• ¿Criticas a gente famosa o a personas que no conoces?
• ¿Te anima que alguien que ha triunfado esté pasando ahora un mal momento?
• ¿Te sientes mal si te tratan de la misma manera que a otra gente?
• ¿Alguna vez pensaste que tus amigos no saben lo que vales?

Si te dio más de 4 “sí”, tienes envidia. Envidia sana o enfermiza, podrás tratar de buscarle una justificación, pero sea cual fuere el caso, es necesario que mires hacia tu propia vida y observes: ¿qué es lo que hizo el otro para llegar a determinado lugar que yo no hice? Esta reflexión no tiene como fin cargarte de culpas y reproches, sino ponerte ante un nuevo planteo acerca de la forma y las estrategias que debes accionar para llegar a tus objetivos. Lo que el resto de las personas adquirieron no es casualidad ni suerte, sino acción, decisión y ejecución de lo dispuesto.

La envidia no vive sola sino que convive con la crítica, la murmuración, el chisme, la dependencia, el desgano, todas  actitudes que consumen nuestras fuerzas, convirtiéndonos en excelentes opinólogos pero en pobres constructores de nuestra propia vida.

“El silencio del envidioso está lleno de ruidos.” Khalil Gibran

Desperdiciamos tanto tiempo en los otros que cuando tenemos que ocuparnos de nosotros mismos ya estamos desganados, y entonces decimos: “Se me pasó el tiempo, lo hago mañana”, pero mañana tendrá el mismo resultado si no rompes el circuito de la crítica y el enjuiciamiento.

3. Envidia: ¿sana o enfermiza?

La envidia nos transforma en seres intolerantes respecto del éxito de los demás. Se sufre por tener menos dinero, menos felicidad que el otro. El objetivo es siempre tener “mayor cantidad” que la que el otro tiene, aún a costa del dolor y la infelicidad. Quien vive bajo estos conceptos sólo podrá ocupar el lugar de víctima, malgastando tiempo, en vez de vivir bien y permitir que el otro viva como mejor le parezca.

Cuando se les pregunta a las personas si son envidiosas, suelen responder que sí, que algo de envidia padecen, pero que en realidad lo que sienten es una envidia sana y no enfermiza. Muchos describen a la envidia sana como aquella emoción que reconoce que el otro tiene algo que ellos mismos desean y que aún no obtuvieron, pero que harán todo lo posible por conseguir. En este acto se reconoce que alguien accionó, que trabajó la milla extra que a otro le falta recorrer para llegar al mismo lugar. Esa envidia que no acarrea ni dolor ni frustración.

Sin embargo, muchas otras personas se enfrentan a diario a una envidia enfermiza, que sólo genera una continua desazón, infelicidad, frustración y dolor por no poder tener lo que el otro tiene o ha logrado, de forma tal que las inhabilita a ocuparse de lo que realmente merece importancia: nosotros mismos y nuestras acciones.

“La envidia es de una esencia
tan etérea que no es más
que la sombra de una sombra.”
William Shakespeare

Envidias sanas o enfermizas, envidias ocultas o expuestas, envidias controladas o descontroladas, son envidias al fin, envidias que afectan nuestra estima y emociones y, en consecuencia, nuestros resultados. Envidia, sí, tal vez ¿competencia?, ¿pasiones descontroladas? La envidia no tiene ni sexo ni religión, ni clase social ni raza, es una emoción que afecta a cualquier individuo que no esté enfocado en su propia vida ni en sus metas. No es mayor ni menor, ni sana o enfermiza, ni buena ni mala.

Como cita el filósofo español Miguel de Unamuno: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”, a lo que Napoleón Bonaparte agregó: “La envidia es una declaración de inferioridad.”

El mundo está plagado de vidas obsesionadas en vidas ajenas, en logros de terceros; son vidas que no pueden ver niegan a darle valor a aquellos logros y éxitos que han alcanzado. Se trata de personas que están cegadas ante el valor de sus propias vidas, vidas que poseen sin ser poseídas, sin ser disfrutadas ni explotadas al máximo nivel de gozo y de resultados.

Se trata de vidas que desean encarnarse en otras vidas; sin embargo, ¿serán capaces de tolerar y atravesar todo aquello que esas otras vidas han sobrellevado para llegar al éxito? ¿Podrán emular los esfuerzos, las pasiones, los trabajos, las millas extras, la energía enfocada, el tiempo, la dedicación, el estudio, la preparación, las metas y las estrategias diseñadas con esmero por quienes son envidiados?

Un viejo dicho popular dice: si miras mi éxito, mira también mi sacrificio. Sin ser tan dramáticos pero sí realistas, es necesario reconocer que muchas de las personas que hoy están en un lugar de privilegio han sido constantes, han decidido pagar el precio de trabajar, esforzarse y mejorarse siempre un poco más. Han dedicado tiempo a escuchar a sus mentores, a superarse, a sanar cada emoción que lastimaba su estima y que los detenía en el camino a su sueño. Se trata de personas que no se detuvieron hasta cosechar la recompensa que les correspondía por su siembra.

Son personas que supieron sembrar y luego cosechar, que supieron hablar y pedir lo que necesitaban, golpear y derribar cada puerta cerrada sin detenerse, personas que conocían el principio que dice:

“Si golpeas, se abrirá;
Si pides, se te dará;
Y si buscas, encontrarás.”

Tu búsqueda personal es la que le dará el sentido a tu vida; tus metas y tus objetivos serán los que te liguen a tu destino; tus sueños y tu propósito enfocarán tu energía y tu accionar.

Soñar, proyectarse y ser cada día un poco mejor son los ingredientes de una estima sana que sabe que las limitaciones sólo están en la mente, que nadie le robó a nadie nada de lo que le pertenece, que la felicidad depende de lo que ella misma es capaz de poseer, que su valía no está en función ni de la aprobación ni de la mirada ajena, que su recompensa está esperando ser recogida y que el éxito que le aguarda tiene su nombre.

Una estima sana no busca reconocimiento ni fama ni se mueve por conveniencias, sólo está enfocada hacia una aprobación y satisfacción personal; si el resto llega, bienvenido sea, pero es libre de la adulación y de aquellos que la ejercen.

“Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos
que envidiamos” Francois de la Rochefoucauld

“Aceptando que gustamos a quienes gustamos cuando somos como somos, no querremos agradar a más gente cambiando nuestro carácter, porque entonces ni seremos ni gustaremos. “ Nadie tiene derecho a compararte. No mires a nadie ni te distraigas, crece todo lo que puedas.

No compitas con nadie, no tienes que demostrarle nada a nadie. No tienes que llegar adonde el otro llegó, sólo superar tus logros y tus propios límites.

“Una demostración de envidia es un insulto a uno mismo.”
Yevgeny Yevtushenko, poeta ruso

“Envidia bien y no mires a quién”. Meritxell Hernández

Tampoco tienes obligación de ganar el sueldo que percibe otro, sino de mejorar tus ingresos actuales. No estás obligado a tener el cuerpo de los modelos de turno para ser aceptado, sólo trabaja para poder gozar de una buena salud física y mental. ¡Sé la mejor versión de ti mismo, y seguro el rating va a estar de tu lado!

4. No envidies, admira
¿Qué sientes cuando otro te dice: “Me aumentaron al triple el sueldo”, “me puse de novia con un modelo que tiene casa, dinero y me trata bien”? ¿Te molesta  que hablen bien de otro? ¿Qué sientes cuando el otro se compró su automóvil y tú aún no accediste al crédito que necesitabas para comprarlo tú también? ¿Envidia tal vez?

Salomón, uno de los hombres más sabios de la humanidad dijo: “La envidia corroe los huesos.” Hay gente que ha sufrido artrosis, reumas y otras dolencias, sólo por envidia. Aunque te parezca mentira, la base de todas estas enfermedades muchas veces se origina en la envidia. La envidia siempre enferma y no sólo enferma el cuerpo físico sino que también amarga el espíritu. El que te descalifica con palabras siempre tratará de buscar amigos: hablará con otros para envenenarlos, porque el envidioso no quiere que triunfes y querrá hacerte su aliado para que te enfermes. Aprende a escuchar lo que la gente dice.

Tanto el que te envenena como el que te descalifica tratará por todos los medios de que no alcances tus sueños. Él se encargará de boicotear cada uno de tus proyectos. Su lema es: “Si yo no puedo, él tampoco.”
La envidia es un sentimiento destructivo. Cuando tú eres el objeto de la misma, quien la siente es víctima de un deseo enfermizo de hacerte perder lo que has logrado. Si eres un hombre de éxito, siempre serás perseguido.

“La envidia y aún su apariencia es una pasión que implica
inferioridad dondequiera que se encuentre.” Plinio el Joven.

Sé inteligente, permanece alerta: cuando alguien prospera, mejora, avanza, siempre habrá alguien que estará mirando y envidiando su posición. Si el que tiene envidia eres tú, si criticas, cuentas chismes o sientes celos, ésto será evidencia de que aún no has recibido aquello que buscabas porque no estás habilitado ni capacitado para hacerlo.

Necesitamos aprender a celebrar y festejar los éxitos ajenos. Si puedes hacerlo, significa que estás en condiciones de anticipar que lo mejor, y bendiciones aún mayores, están por llegar a tu vida.

Cada logro del otro debe ser un desafío para ti. El éxito del otro no debe ser motivo de envidia, sino fuente de inspiración. Aprendamos a encontrarle un giro de 180 grados a este sentimiento que sólo nos destruye y nos enferma.
El éxito del otro debe inspirarte, llevarte a que analices cómo lo hizo, cómo lo alcanzó. La gente envidiosa sólo mira el automóvil que el otro tiene, quiere el sueldo que el otro percibe, pero no se detiene a pensar qué es lo que el otro hizo para alcanzar todo eso; sólo ve el final, pero no tiene capacidad de mirar el proceso.

Para poder alcanzar lo que el otro hoy tiene, tienes también que aprender a atravesar el proceso, a tener voluntad y coraje, fuerza, energía y temple para recorrer el camino. Tal vez, mientras unos estaban comiendo un asado, otros
estaban preparando un postgrado.

Si hoy ves que tu compañero de oficina recibió un gran ascenso, antes que nada, reflexiona: de las horas que ambos están en la oficina, ¿cuántas horas trabaja él eficazmente mientras tú tomas té, mate o café? Quizá, mientras unos pasaban largas horas en pubs o bares, olvidando que una familia los esperaba en su casa, ellos, los que hoy son envidiados, estaban yendo al cine con sus hijos y su familia.

Por eso, si hoy, delante tuyo, hay alguien con una familia mejor que la tuya o con un gran logro profesional,  su éxito no debe humillarte, sino que debe ser el puente para que te inspires y analices cómo llegó a su meta. Puedes admirar en lugar de envidiar. La palabra envidia proviene del latín y quiere decir: “Yo veo”. La palabra admiración también proviene del latín y significa: “Yo miro.

“El número de los que nos envidian confirma nuestras capacidades.”
Oscar Wilde

Envidiar quiere decir “mirar mal”; admirar implica “mirar a”. Ambas tienen que ver con mirar; la diferencia es que la envidia trae bronca y la admiración, motiva. ¿Cuál es la diferencia? Envidiar es decir “te miro para destruirte”, admirar “te miro para aprender cómo lo lograste.” Al oír una crítica, debemos observar si el crítico logró más que su víctima (seguramente no, y por eso critica).

El que te descalifica y calumnia, probablemente no puede tener el mismo brillo que ti, por eso calumnia. Es importante que entiendas que el exitoso está cerca tuyo para motivarte, para que puedas alcanzar lo que él pudo lograr. Si él pudo, tú también podrás. El éxito del otro debe servir para que movilices tus estructuras, sacudas tu conformismo y te sientas estimulado a ir por más.
Muchas veces envidiamos lo rápido que el otro ha avanzado mientras nosotros permanecemos en el mismo lugar.

A veces nos parece que adelantamos dos pasos y retrocedemos tres, y entonces nos preguntamos y nos cuestionamos y terminamos enfermándonos. Lo que sucede es que, en muchas oportunidades, si recibiésemos todo junto no sabríamos que hacer con ello. Por eso es que mientras vas creciendo y aprendiendo vas recibiendo. Las grandes bendiciones, los grandes éxitos, suelen llegar de a poco, para que tus enemigos no te destruyan a causa de la envidia.

Tal vez haya proyectos que se estén demorando, pero cuando los recibas será porque no habrá enemigo, ni envidia, ni celos cerca que puedan destruirte y enfermarte. Todas las decisiones que tomamos se basan en lo que sentimos, y todo lo que sentimos se basa en lo que pensamos.

“Te lo daré poco a poco para que las fieras del campo no te
devoren.” La Biblia

Si cambio mi manera de pensar, cambio mi manera de sentir, y si cambio mi manera de sentir, entonces también cambio mi manera de decidir y por ende de recibir.

• Un exitoso no se mide por la cantidad de gritos que da, ni por el lenguaje que utiliza sino por su manera de pensar.
• Un exitoso se distingue por sus pensamientos.
• Un exitoso nunca envidia, porque tiene puesta su mente en
su propósito y en sus sueños.

Si tus pensamientos y tu mente son limitados y angostos, cuando llegues a la meta por cierto te la creerás. Pero si tu mente y tus objetivos son ilimitados nunca vas a sentirte omnipotente, porque siempre habrá más por conquistar, siempre habrá más para soñar.

Hoy, ocúpate de ti:
• Valora que te tienes a ti mismo
• No esperes nada de nadie
• Rompe tus límites
• Pelea sólo por cosas que valgan la pena
• Tómate tiempo para descansar
• Busca consejos de gente sabia
• Demuestra el amor y la ternura a los seres que amas

No importa cuánto dolor hayas sufrido, ni cuánta gente se haya corrido de tu vista, ni cuántas traiciones hayas padecido: a la larga entrarás a la tierra de tu
bendición y verás cumplido cada uno de tus sueños. Y recuerda: si cuando consigues tu propósito sabes ser una bendición para otros, un nuevo nivel de prosperidad, de éxitos, de riquezas, de salud y de dicha te estarán esperando. Al que sabe dar, aún más se la dará. Sé un motivador nato y no pierdas de vista tu propósito.

Prepárate: no hay envidia ni celos que puedan detenerte, destruirte ni limitarte, ¡las cosas grandes están llegando!

“Los éxitos grandes los recibiré poco a poco para que la
envidia de los que me conocen no me lastime”.
La Biblia

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