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Las antiguas tradiciones en japón se conservaron desde siempre,  por eso existe una gran cantidad de mitos y leyendas casi sin rival en las demás naciones.

En las creencias relativas al alma, se la concebía como una bola, tal como indica su nombre “tama-shii” o “bola de viento”. Se componía de dos ingredientes o funciones: una suave, refinada y feliz y la otra tosca, cruel y vigorosa. El primero siempre está junto al cuerpo, pero la segunda puede abandonar y/o funcionar más allá de la comprensión de la persona a la que pertenece.

Se decía que el Gran Amo de la Tierra vio en cierta ocasión, ante su enorme asombro, a su “alma tosca”, viniendo del mar y que esa alma era el agente principal de sus logros. Sin embargo, se ignora si todos los individuos poseen un alma o sólo los hombres que tienen un poder y una capacidad especiales.

Sea como fuere; el alma es una existencia que se halla más o menos fuera de los confines del cuerpo, aunque también se ignora si el alma, después de la muerte del cuerpo, va necesariamente a una de las moradas futuras.

Las antiguas creencias sobre el alma, por lo tanto, eran vagas y poco importantes, siendo principalmente bajo la influencia china y budista, de forma especial de la última, que los japoneses definieron y elaboraron ideas acerca del alma y de su futuro destino.

Así, el budismo negaba un lugar de descanso permanente del alma y enseñaba un proceso de cambio en un carácter moral del hombre. La mitología budista está llena de detalles minuciosos acerca de la peregrinación del alma hacia y desde esos reinos y se creía que se aparecían a los seres humanos los fantasmas de los que deambulan con incertidumbre entre tales reinos.

Uno de los cuentos mas populares respecto a los vagabundeos del alma dice que hay un río en cuya orilla el alma puede decidir donde ha de ir. El río se llama “Sanzu-no-kawa” (río de las Tres Rutas), porque los senderos salen en tres direcciones; uno al infierno, el segundo hacia la vida animal y el tercero al reino de los “fantasmas hambrientos”.

Pero, el fantasma que tenía un gran papel en el folklor era el que no era bastante bueno para ir al mundo celestial ni bastante malo para ser condenado a un castigo eterno. Un alma de esa clase, la que estaba en “chuu”, o sea en los estados intermedios, hacia apariciones fantasmagóricas, a veces como una figura humana, pero sin piernas y con una palidez cadavérica.

Lugares sagrados

Cualquier lugar se considera sagrado si tiene alguna tradición de dioses, espíritus, hadas y antepasados relacionados con ese inframundo y dichos lugares son señalados y consagrados según las costumbres de la antigua religión shinto.

Todo el país está lleno de esta clase de santuarios; cada localidad posee al menos uno y todos tienen sus leyendas o historias. A menudo, son muy semejantes tales historias, aunque cada una se conserva celosamente no sólo en una tradición oral sino mediante las observancias y festividades religiosas entre la comunidad a la que pertenece. En realidad, cabe decir que el pueblo japonés todavía vive en una época mitológica: en efecto, la religión shinto enseña que ese país es la tierra de los dioses, que incluso hoy día viven entre los humanos y vuelan por los cielos entre los bosques o bien en los altos montes.

Los japoneses siempre han creído en la existencia y la actividad de los espíritus, tanto los de los objetos naturales como los de los difuntos; pero de manera extraña, su mitología, como se desprende de la tradición sintoísta, está poblada por muy pocos seres fantásticos y es muy vaga respecto a la personalidad de los dioses.

Muchas deidades apenas son más que nombres, otras son adoradas como antepasados de los diversos clanes y sus leyes las considera el pueblo más como hechos auténticos que como fragmentos de una imaginación poética. Esto se debe principalmente a que los primeros relatos sintoístas se compilaron en forma de narrativa histórica, deseando sus autores producir algo que rivalizase con la historia china en antigüedad y supuesta autenticidad.

Lo que hoy día reconocemos como mitos se consideró en sus orígenes como sucesos históricos, los mismos que la historia oficial de China tuvo cuidado de transformar las leyendas raciales de su pueblo en supuestas crónicas de acontecimientos reales.

Fuente: emagister.com