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@solitalo

 

Existe entre nosotros un señor perteneciente a la jerarquía de los Eles que por siglos de siglos nos ha acompañado en sus amores, brindando sus ayudas a muchos mundos, incluido el nuestro. Su nombre es Mer. Él se define a si mismo como un “sembrador de semillas universales de amor”. Esta autodenominación encarna a la perfección la misión que posee este luminoso maestro.

En el ámbito de siete galaxias, Mer se manifiesta para impartir sus amorosas enseñanzas a todos aquellos que en su corazón sienten el deseo de ser mejores. Su Padre es Aarám, el regidor supremo de ellas – la nuestra es una de ellas, donde habita una hermosa fuente de luz llamada Sama -.

Desde sus encumbradas esferas, él desciende a dimensiones inferiores para hacer el papel de coordinador de otros maestros. Muchos seres de luz lo alaban como su padre y se sienten honrados de colaborar en sus majestuosos proyectos de ayuda a mundos que se encuentran en crisis, como el nuestro.

Para brindar sus amores, Mer ocupa la mente de personajes claves de cada época, desde donde imparte sus sabidurías. Las referencias que poseemos nos remontan a la protohistoria. Sabemos que Mer, bajo el nombre de Aramu-Muru fue un rey de la antigua Lemuria.

Las labores de Mer en Lemuria son narradas en un libro llamado “El secreto de los Andes”, en el que se describe el traslado de un Disco Solar de Oro que ocupaba el ábside del templo de la ciudad de Mu, capital del continente Lemur.

Se narra que Mer, en su reinado, estaba acompañado de su correspondiente femenino llamado Arama-Mara. A nivel cósmico los dos son un solo ser que cuando llega a nuestro mundo, en el que prima la ley de la separación y de los opuestos complementarios, debe dividirse en un aspecto masculino y otro femenino, como la divina Arama-Mara. Ella sigue haciendo sus labores paralelas a las de su esposo, impregnando de su fuerza Yin a este planeta que tanto lo necesita.

En la cima de la civilización egipcia, Mer hizo presencia a través del faraón más famoso como constructor: Keops. Como sucedió con los faraones más sabios, Keops usó la llamada cámara sepulcral para partir a otros espacios y tiempos sin necesidad de desencarnar.

La ciudad más antigua de la civilización Lemur en América fue Tiawanaco. Allí Mer fue su rey. La tradición lo recuerda como un dios de gran sabiduría y su nombre fue Viracocha.

En las culturas de Centro América, especialmente en los actuales México y Guatemala, en épocas anteriores a la conquista, se adoró a un dios que algunos consideran como el principal y cuyo nombre fue Quetzalcoatl o la Serpiente Emplumada. En la antigüedad la serpiente era considerada fuente de sabiduría y el quetzal un ave de gran belleza en su plumaje multicolor. Es todo un simbolismo de alguien que fue un hermoso enseñante. Mer nos cuenta que él fue Quetzacóatl.

Volvamos al antiguo estado Inca para narrar la última intervención, por nosotros conocida, del Gran Mer. Fue el noveno Inca en la descendencia real. Se le llamó Pachacútec: “El hijo del Sol que cambia el rumbo de la Tierra”. Fue el conquistador que convirtió el cacicazgo inca en un imperio de grandes extensiones; fue planificador y filósofo profundo en el conocimiento de la mente humana.

La presencia de Mer entre nosotros

De nuevo Mer nos acompaña en estos tiempos, para guiarnos en una época de transición de nuestro planeta. Su magnitud cósmica original de la duodécima dimensión no cabe en toda su magnitud en ésta nuestra tercera dimensión. Por ello, una chispa de su ser universal visita la Tierra, entrando por el Sistema Pléyades, a través de las jerarquías sirias.

Como en las venidas anteriores, su amorosa presencia se manifiesta a través de un ser humano de calificadas facultades extrasensoriales cuyo nombre es Raúl Yepes. Como conciencia universal, por leyes cósmicas, solo puede descender con forma física hasta la sexta dimensión. Este es el motivo por el que no encarna como avatar, tal como lo hacen otros maestro de niveles inferiores al suyo.

En La Casa de Sirio, desde el año 1992 tenemos la gran fortuna de disfrutar de su sabiduría por medio de las sesiones de canalización que nos proporciona Raúl. Por medio de él, Mer enseña en reuniones grupales que llamamos “encuentros” y de sesiones privadas, denominadas “citas personales con Mer”. Los encuentros son oportunidades de aprendizaje y guía para que los asistentes entiendan sus vidas y la del Universo en que habitamos. En estas reuniones se aprende a ser mejor y se abre la mente y el corazón para ayudar a nuestros semejantes y a nuestro atribulado mundo.

Mer es el supremo director de La Casa de Sirio. Él brinda las directrices sobre cada uno de los pasos que debemos seguir para que todos, como grupo, orientemos nuestras energías y capacidades a los objetivos que en cada momento son los que necesitamos como especie humana, en estos momentos de cambios profundos, que implica el inicio de la Era de Acuario.

Para ello, programa “retiros” en diferentes partes del mundo e indica técnicas apropiadas para que las leyes planetarias giren hacia los designios de los Padres de la Luz. Él es el instructor de la Meditación Yur, eje fundamental de todos los procesos de crecimiento y del despertar de la conciencia en La Casa de Sirio.

Mer es quien convoca y anuncia la presencia de los otros maestros, quienes bajo su dirección son los enseñantes especializados en temas como la salud, el bienestar material, las artes y la filosofía, las altas alquimias, la selección, la purificación, la protección y el amor.

Las enseñanzas de Mer cubren todas las áreas del interés humano. Desde los conocimientos de quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos, hasta el sentido de la historia y su conexión con los hechos presentes. Nos proporciona un sentido de la vida y un entendimiento de nuestro mundo en el concierto universal. Nos abre horizontes misioneros para que ayudemos a que el futuro próximo prepare las condiciones necesarias que requerirá el año 2023 cuando la luz de la Estrella Alción marque el cambio de los tiempos.

Su estilo es el de un maestro bondadoso, amigable y tan amoroso en sus palabras que cautiva a quien lo escucha. Es un ejemplo de sencillez, de alegría y de jocosa familiaridad, sin pretensiones ni presunción de grandezas o distancias.

Este es Mer en La Casa de Sirio. Abarcarlo en la magnitud de su misión está por encima de nuestras capacidades. Describir la profundidad de sus enseñanzas, depende del amor con que recibamos sus consejos. Mer, el Grande entre los Grandes, siempre está, con una sonrisa, esperándonos para hacernos los mejores.

Fuente: lacasadesirio.com