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@solitalo

“¡Decretarás una cosa y se te manifestará!”

Maestro El Morya

Un decreto es un edicto, una decisión, un poderoso manifiesto. Es un mandato del hijo o hija de Dios dado en el nombre de la presencia YO SOY.

Los decretos refuerzan el poder de la luz, la vida y el amor que se encuentra dentro de nosotros. Deben ser dirigidos hacia la presencia YO SOY (el Yo divino interno) y hacia el Santo Ser Crístico (la identidad Crística) en nosotros, así como a los seres cósmicos altamente evolucionados. De esta manera se afianzan las energías y el amor, con el fin de amplificar, a niveles de ilimitada comprensión, la acción del decreto según se manifiesta en el mundo del tiempo y el espacio.

Además, los decretos son una afirmación de que podemos llegar a la finalidad lógica: por ley cósmica, las ideas expresadas en palabras tienen que hacerse realidad cuando se dan en nombre de la Deidad y con la autoridad de la llama Crística.

Una vez que la consciencia se expande lo suficiente, los sentimientos se elevan, los pensamientos se espiritualizan y el decreto se transforma en melodía dentro del corazón y del alma. No existen palabras que puedan describir el maravilloso sentimiento de paz, júbilo, libertad y felicidad en ese momento. El poder del decreto, de la palabra hablada, es pues, un método de realización divina.

A partir de hoy les propongo trabajar semanalmente con un decreto específico para que con la constancia podamos ver la manifestación de lo que estamos solicitando. Trabajar con decretos nos mantiene enfocados en los propósitos de nuestra vida y ayuda a que se le imprima la energía necesaria para que llegue la manifestación. Repítelo cuantas veces puedas, no como una obligación, sino con la convicción de que lo que estás diciendo hará aparición en tu vida y te ayudará a evolucionar.

Decreto para la salud perfecta

La salud y la vitalidad fluyen en mi como un poderoso manantial de agua de vida curativa para penetrar en mi cuerpo y en la atmósfera de cualquier estancia en que me encuentre. La fuerza de la vitalidad viene hacia mí y me hace sentir fuerte y vigoroso.
Invoco al poder celestial, al Arcángel Rafael y a los ángeles de la salud del rayo verde para que me mantengan sano de cuerpo, alegre de espíritu y lleno de vida para siempre. Gracias Padre-Madre porque está hecho.