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@solitalo

Cuando escuchamos las palabras “ascender” y “descender” viene a nuestra mente un movimiento ya sea hacia arriba o hacia abajo. Pues bien, cuando los Maestros nos dicen estas palabras se refieren a la elevación o descenso de la tasa vibratoria de nuestros electrones. Ya sabemos que mientras más rápido se muevan nuestros electrones más purificados estamos y más cerca estamos de la Maestría, pues de eso se trata la graduación que hemos venido a obtener al planeta Tierra “Maestros de la Energía y la Vibración”.

Así, que cuando más de uno se lamenta del hecho de no poder ver físicamente a los Maestros aquí tiene la explicación. Y es que para poder ver con la vista física a un Maestro (pues ya sabemos que Ellos vibran a una tasa mucho más elevada que nosotros, ya que Ellos ya alcanzaron la Maestría sobre la Energía) es necesario que además de que Ellos bajen su tasa vibratoria hasta el nivel aceptable en el que se sigue manifestando perfección, nosotros también debemos elevar nuestra tasa vibratoria y para ello debemos prepararnos con la purificación de nuestros cuerpos a través de la meditación, los decretos, los cantos, y sobre todo con el aquietamiento de nuestros cuatro vehículos inferiores ya que si no ya sabemos que las herramientas que tenemos a nuestro alcance no pueden ser utilizadas en toda su magnitud.

Así que más que lamentarse por eso mejor es que nos pongamos manos a la obra para sentar las condiciones que se requieren para poder contactar físicamente con el Maestro.

Es más, sin la debida preparación, lejos de ser una bendición para nosotros el ver al Maestro sería un inconveniente; primero porque no seríamos capaces de resistir tal radiación al no ser todavía controladores conscientes de la energía y por otra parte porque al no estar suficientemente preparados no sabríamos aprovechar el beneficio de tal acontecimiento ya que nos limitaríamos a sorprendernos del hecho pero no tendríamos el suficiente impulso como para querer emular al Maestro. Fue eso precisamente lo que pasó con el Maestro Jesús.

Fueron muchos los que querían beneficiarse del contacto con el Maestro (para curar-se, purificar-se…..) pero sin la más leve intención de querer saber cómo lo hacía el Maestro, para poder hacerlo ellos también; sino que se limitaban a creer que Él lo podía hacer y ellos no, de ahí la creencia errada de que lo que hacía Jesús eran Milagros y el Milagro no es más que lo que ocurre cuando es Dios (la Presencia) quien actúa. Jesús se limitaba a dejar actuar a la Presencia a través de Él.

Por eso nos decía que todo lo que Él hacía y mucho más podríamos hacer nosotros. Cuánto tenemos que aprender de los Maestros, y con cuánto Amor nos imparten todo aquéllo que Ellos ya reconocen. ¿Cuándo vamos nosotros a re-conocerlo ya que en realidad ya lo conocemos, ya está dentro nuestro, solo tenemos que des-cubrirlo, es decir quitarle la cubierta?

Tomado de: laluzdelosmaestrosascendidos.blogspot.com