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@solitalo

El buzo que desciende a trabajar en el mar necesita una cierta cantidad de oxígeno a fin de poder hacer una estadía prolongada bajo el agua. Para recibir ese oxígeno, el buzo está unido por unos tubos a unas personas situadas arriba, que lo alimentan, y que por medio de cables también están listas para retirarlo en caso de peligro. Sólo con esta condición, él puede realizar su trabajo en condiciones seguras.

Exactamente como los buzos, los humanos están sumergidos en un océano llamado mundo. Y no sólo su alma y su espíritu tienen dificultades para respirar en él, sino que ese océano está lleno de peligros y de monstruos que amenazan con devorarlos. Así pues, necesitan instalar una tubería por donde el aire pueda llegar hasta ellos, y también cables para que se los suba si están en peligro. Esas tuberías y esos cables son el vínculo que deben establecer, por medio del pensamiento, con las entidades del mundo divino. A la más mínima alerta, estas entidades son advertidas y vienen a darles aire puro como también luz y fuerza gracias a los cuales podrán continuar su camino.

Omraam Mikhaël Aïvanhov