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@solitalo

Según la teoría Taoísta al nacer se nos regalan tres tesoros que permanecerán con nosotros hasta el día de nuestra muerte y que tenemos que cuidar y cultivar durante el transcurso de la vida. Estos tesoros son entidades claramente distintas entre si, pero completamente interdependientes, y asociadas estrechamente con la vida humana. Entre los tres abarcan los tres planos fundamentales de la vida humana: el físico, el energético, y el mental.

De su fuerza y su equilibrio interno dependen la salud y la longevidad humana. Según la teoría taoísta, los tres tesoros de la vida son:

Jing: la esencia de la vida, este concepto engloba todos los fluidos que circulan por nuestro cuerpo y que son transportados por la sangre, así como las hormonas segregadas por las diversas glándulas que componen el sistema endocrino, semen y óvulos, y los fluidos pesados como la linfa, los lubricantes que rodean a las articulaciones, (liquido sinovial), las lágrimas, la transpiración, y la orina.

Shen: el espíritu de la vida, engloba todas nuestras facultades mentales, entre las que se incluyen el pensamiento racional, la intuición, el espíritu, la atención y el ego. El pensamiento tradicional chino distingue cuatro aspectos principales: el espíritu: Hum, el alma humana, asociada con lo yang y el cielo. Bo: el alma animal asociada con lo ying y la tierra. Yi: pensamiento y conciencia. Jin: intento y fuerza de voluntad. A diferencia del dualismo occidental, que pone al espíritu como una entidad independiente, y situada por encima y más allá del cuerpo, el taoísmo considera al espíritu si está sano como el resultado del buen funcionamiento de los otros dos tesoros.

Qi o Chi: La energía de la vida, es la fuerza vital esencial que anima todas las formas de vida del universo. El Qi es invisible, silencioso, sin forma, pero lo impregna todo. Para los orientales el ideograma que lo identifica, nos dice “el vapor que sale de la olla donde se está cociendo el arroz”.