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@solitalo

Centaur and Hydra - fragment of "The Sky of Salamanca", ceiling mural painted by Fernando Gallego in 1473 for the vault of Salamanca University's library. #astrology #fresco #zodiac:

Brujería moderna

El factor jugado por el ex-brujo en un ataque oculto es muy notable. Una y otra vez, cuando surgen problemas de este tipo las investigaciones de psíquicos independientes hacen referencia a la brujería de una encarnación anterior. El motivo es casi siempre la venganza, pero también hay buenas razones para creer que la proyección del cuerpo astral tiene lugar involuntariamente durante el sueño y no es deseado deliberadamente por el ofensor.

Muchas personas que actualmente son psíquicas y sensitivas se formaron en las conjunciones de la brujería medieval y por esa razón los ocultistas experimentados son muy cautelosos ante la naturaleza psíquica distinguiéndola del iniciado con su técnica de psiquismo. Donde el psiquismo y el desequilibrio mental se une con una disposición malévola se da una fuerte presunción a que el culto al diablo dista lejano.
Frecuentemente es como si fueran dos personas distintas en una, una de forma normal, de mentalidad espiritual, intensamente compasiva e idealista y su otro ser, inferior, que sube a la superficie cuando esa persona se siente perturbada, excesivamente cansada, siendo el ser inferior malicioso y sometido a los paroxismos del odio y de la crueldad.

Es interesante constatar que las personas que tuvieron relación con la brujería, muestran terror ante los símbolos sagrados. No ocuparían una habitación en la que hubiera una imagen de un tema religioso. Nada los podría convencer para que llevaran una joya en forma de cruz, y es imposible hacerles entrar en una iglesia.

Proyección del cuerpo etérico

Antes de dejar el tema del ataque de los seres humanos encarnados, consideremos el tema de la proyección etérica. En este caso no sólo es la mente del ser humano lo que funciona, sino también algo casi físico; al menos lo bastante físico para dejar magulladuras en la carne de la víctima, mover los muebles o hacer mucho ruido.
Cuando esas manifestaciones se producen, es evidente que estamos tratando con algo más sustancial que la mente, pues aunque la mente pueda influir en la mente, y a través del cuerpo, en cierta medida en la que el estado presente de nuestro conocimiento es difícil que tenga límite, la mente no puede manipular directamente la materia: es decir, no se puede romper una ventana por medio del pensamiento. Tiene que haber algún vehículo físico que puede ser manipulado por la mente cuyos efectos se produzcan en el plano físico.

El cuerpo vivo es uno de esos instrumentos; es manipulado por la mente cada vez que tiene lugar un movimiento voluntario, y las operaciones de la curación espiritual son simplemente una extensión de este principio hasta los músculos involuntarios de los procesos fisiológicos que no están dirigidos ordinariamente por la mente consciente. Los ocultistas mantienen que la mente afecta al cuerpo por medio del doble etérico, como ellos lo llaman “la mente mortal” de los científicos cristianos. Podemos llegar a la conclusión nada irracional, de que cuando una acción física se produce en la distancia por medios ocultos se está haciendo mediante el empleo del doble etérico.

El doble etérico es ante todo un cuerpo de tensiones magnéticas en cuya red todas las células y fibras del cuerpo físico están sujetas como en una estantería. Pero en medio de éste y del cuerpo físico denso que conocemos se halla lo que podríamos llamar la materia prima a partir de la cual se condensa la materia densa. Los antiguos le daban el nombre de “Hylé” o Materia Prima, y los modernos lo llaman ectoplasma. Siempre que hay manifestaciones físicas es el ectoplasma proyectado el que produce los fenómenos.

El ectoplasma puede proyectarse como una vara larga que actuará hasta una distancia de aproximadamente tres metros; o proyectarse como una nebulosa conectada con el médium por un hilo tenue. Esta nube se puede organizar en distintas formas, teniendo la semejanza de la duda y actuando como vehículo de la voluntad consciente.

Un adepto puede realizar esta operación entrando en un trance profundo tras algunos movimientos convulsivos, como en una tetania lenta, y entonces pierde aproximadamente dos terceras partes de su peso. Se puede levantar, incluso con una sola mano, cuando se halla en este estado, no pesando más que un niño.

He oído múltiples referencias a casos en los que en la garganta de la persona víctima de un ataque astral se encontraban magulladuras parecidos a marcas de dedos. Es un hecho bien conocido que si un ocultista que actúa fuera del cuerpo se encuentra con algo desagradable en el plano astral, o si su cuerpo sutil es visto o golpeado o disparado, el cuerpo físico conserva luego las señales. Pienso que el mecanismo de producción de esas marcas será de la misma naturaleza que el que produce los estigmas de los santos y que las curiosas marcas e hinchazones que se ven a veces en los pacientes histéricos; la mente, potentemente agitada, afecta al doble etérico, y éste actúa sobre las moléculas físicas que retiene en sus redes.

El siguiente tipo de ataque psíquico que debemos considerar es el realizado por medio de elementos artificiales. Estos se distinguen de las formas de pensamiento por el hecho de que una vez formulados por la mente creativa del mago propia distinta e independiente, aunque estrictamente condicionada a la naturaleza por el concepto de su creador. La vida de estas criaturas es semejante a la de una pila eléctrica; se va debilitando por la radiación y a menos que se recargue periódicamente acaba desapareciendo. La cuestión de la fabricación, carga, recarga o destrucción de estos elementos artificiales es una parte importante del ocultismo práctico.

El elemento artificial se construye formando una imagen clara de la criatura que se pretende crear, animándola con parte del aspecto correspondiente del propio ser creador e invocando luego la fuerza natural apropiada. Este método puede utilizarse para el bien tanto como para el mal, y de este modo se forman los “ángeles guardianes”. Se dice que las mujeres moribundas preocupadas por el bienestar de sus hijos las forman con frecuencia inconscientemente.

Comentaré una experiencia extremadamente desagradable en la que accidentalmente formulé un hombre lobo. Por desagradable que fuera el incidente creo que debo darle publicidad pues muestra lo que puede suceder cuando una naturaleza insuficientemente disciplinada y purificada maneja las fuerzas ocultas.

Había recibido una lesión grave de alguien a quien había ayudado desinteresadamente con considerable costo para mí misma, por lo que me sentía muy tentada a la venganza. Cuando una tarde me hallaba descansando tumbada en mi cama, meditaba sobre mi resentimiento y mientras lo hacía me dejé llevar hasta las fronteras del sueño. Me vino entonces a la mente la idea de liberarme de todas las restricciones y perder los estribos.

Se presentaron ante mí los mitos nórdicos y pensé en Fenris, el horroroso lobo del norte. Sentía inmediatamente una curiosa sensación de tirón en mi plexo solar y se materializó ante mí, sobre la cama, un enorme lobo. Era una forma ectoplásmica bien materializada. Como Z. Era gris e incoloro, y como él tenía peso. Podía notar perfectamente la presión de lomo cuando estaba al lado de la cama del mismo modo que lo haría un perro grande.

En aquel tiempo yo no sabía nada sobre el arte de elaboración de los elementales, sino que había dado accidentalmente con el método adecuado: la meditación muy cargada de emoción, la invocación de la fuerza natural apropiada, y la condición existente entre el sueño y el estado de vigilia en la cual el doble etérico sale fácilmente.

Me sentí horrorizada por lo que había hecho y supe que me encontraba en una situación difícil y que todo dependía de que supiera no perder la cabeza. Tenía suficiente experiencia en el ocultismo práctico para saber que aquello que había traído yo a la manifestación visible podía ser controlado por mi voluntad siempre que no fuera víctima del pánico; y que si perdía los nervios tendría que enfrentarme con una especie de monstruo de Frankenstein.

Me moví ligeramente y aquella criatura puso objeciones a que le molestaran, pues volvió hacia mí su largo hocico por encima del hombro y gruñó, enseñándome los dientes. Me sentí encogida de miedo; pero sabía que todo dependía de que supiera manejar la situación y que lo mejor que podía hacer era luchar contra aquello en ese mismo momento, pues cuanto más tiempo existiera la cosa más fuerte se haría y más difícil resultaría deshacerla. Por tanto, di un codazo en sus peludas costillas ectoplásmicas y dije con voz fuerte:

“Si no sabes comportarte, tendrás que bajarte al suelo”, y le empujé fuera de la cama.Cayó al suelo, tan humilde como un cordero y con gran alivio por mi parte se transformó de lobo en perro. Entonces, pareció desaparecer la esquina septentrional de la habitación y la criatura se escapó por el vacío.

Sin embargo, no me sentía muy feliz, pues tenía la sensación de que ahí no terminaba todo, y mi sensación se vio confirmada cuando a la mañana siguiente otro miembro de la comunidad me dijo que mientras dormía se había visto perturbado con sueños de lobos y que había despertado en medio de la noche viendo los ojos brillantes de un animal salvaje en la oscura esquina de su habitación.

Sintiéndome entonces muy alarmada acudí a buscar el consejo de alguien a quien había considerado siempre como mi maestro, quien me dijo que yo había elaborado esa cosa a partir de mi propia sustancia por causa de mis pensamientos vengativos, y que en realidad se trataba de una parte salida de mí y que debía a toda costa llamarla y reabsorberla, al tiempo que debía desear “liquidar las cuentas” con la persona que me había dañado. Curiosamente, en ese preciso momento se produjo la oportunidad de “liquidar eficazmente las cuentas” con mi antagonista.

Por fortuna para todos los implicados, tenía todavía el sentido suficiente para darme cuenta de que me hallaba en un punto en el que se dividían los caminos y que si no era cuidadosa daría el primer paso por el sendero de la izquierda. Si me concedía la oportunidad de dar expresión práctica a mi resentimiento, la forma de lobo ganaría una existencia independiente y aquello me costaría muy caro. Tuve la impresión clara, y en asuntos psíquicos las impresiones son importantes pues suelen representar el conocimiento y la experiencia del subconsciente, de que una vez que el impulso lobuno encontraba expresión en la acción, la forma de lobo dañaría el cordón psíquico que la conectaba con mi plexo solar y ya no me sería posible absorberla.

La perspectiva no era agradable. Tenía que olvidar mi deseada venganza y permitir que se me hiciera daño sin defenderme, y también tenía que llamar y absorber una forma de lobo que, al menos para mi conciencia psíquica, resultaba desagradablemente tangible. Se trataba además de una situación en la que no podía pedir ayuda ni esperar demasiadas simpatías de los demás. Sin embargo, había de enfrentarme a ella y sabía que cada hora de existencia de la cosa esta sería más difícil de tratar, por tanto tomé la resolución de dejar que se me escapara entre los dedos la oportunidad de mi venganza y al primer atardecer llamé a la criatura.

Volvió a venir por la esquina septentrional de la habitación (posteriormente aprendí que entre los antiguos el norte se consideraba como la dirección del mal), y se presentó sobre la alfombra de un modo suave y domesticado, Obtuve una excelente materialización en la penumbra y habría podido jurar que delante de mí había un gran perro alsaciano. Era plenamente tangible, incluso hasta el punto de oler a perro.

Salía de mí una línea sombría de ectoplasma, uno de cuyos extremos estaba unido a mi plexo solar y el otro desaparecía en el pelaje del vientre del animal, aunque no era capaz de ver el punto real de unión. Empecé, con un esfuerzo de la voluntad y la imaginación, a atraer si vida por medio de ese cordón plateado, algo así como si estuviera tomando limonada por medio de una paja. La forma de lobo empezó a desaparecer mientras el cordón se espesaba y se volvía más sustancial. Empecé a sentir una violenta sacudida emocional; sentí los impulsos más furiosos por perder los estribos y destrozar cualquier cosa o persona que tuviera a mano, conduciéndome desbocadamente. La forma lobuna se había convertido ahora en una neblina gris e informe. También absorbí ésta por medio del cordón plateado. La tensión se relajó y me encontré bañada en sudor. Por lo que sé, ése fue el final del incidente.

Había recibido una lección muy dura e instructiva y la he contado por el valor que tiene para aquellos que, teniendo un conocimiento personal de estas cosas, pueden ver su significado.

Es curioso que durante la breve vida de 24 horas de esa cosa se me presentara la oportunidad de vengarme eficazmente.

Vampirismo

El supuesto vampiro ha sido siempre un personaje muy popular en los relatos de misterio e imaginación. No voy a referirme a incidentes que tuvieron lugar en otros siglos y bajo condiciones primitivas, pero soy de la opinión que no es un problema que ha desaparecido y que la condición peculiar que los antiguos llamaban vampirismo puede explicar ciertas formas de perturbación mental y la mala salud física con ellas asociada.

En mi opinión, el vampirismo auténtico no puede producirse a menos que se tenga el poder de proyectar el doble etérico. Todos los casos relatadas de vampirismo mencionan algo mucho más tangible que una aparición. En Europa occidental estos casos parecen ser comparativamente raros en los tiempos modernos, pero en la Europa oriental y en los países primitivos no parecen ser en absoluto infrecuentes, y en los libros de viajes encontramos innumerables casos bien autentificados.

Cuando se sospecha que se trata de un caso de vampirismo lo mejor es recorrer el cuerpo del enfermo centímetro a centímetro con una lupa potente, pues la búsqueda será recompensada probablemente con el descubrimiento de numerosas y diminutas punciones, tan pequeñas que no son descubiertas a simple vista a menos que se revelan por causa de una infección y supuración, en cuyo caso suelen tomarse equivocadamente por picaduras de insecto. Y son picaduras, pero no de un insecto.

Los lugares donde hay que buscarlas son alrededor del cuello, especialmente bajo las orejas; bajo la superficie interior de los antebrazos; en los lóbulos de las orejas; en las puntas de los dedos y, en una mujer, en los pechos.

El método de expulsión tiene que ser llevado a cabo por un adepto, el cual consiste en introducir a la entidad en un círculo mágico para que no pueda salir de él y absorberlo después en sí mismo por medio de la compasión. En realidad, es el mismo método utilizado con el hombre lobo, pero es una tarea mucho más formidable la de absorber y transmutar la proyección de otra persona, y sólo puede ser realizada por un iniciado de muy alto grado.

No sabemos exactamente qué es lo que hace el iniciado, pero a la luz de los conocimientos posteriores imagino que absorbió la energía etérica del alma unida a la tierra y la privó así a sus medios de resistirse a la segunda muerte. Si simplemente hubiera impulsado al alma resistente a salir de la sala del juicio de Osiris, habría dejado atrás un cadáver astral que durante algún tiempo habría seguido dando problemas.

En relación con este caso quizá sea interesante observar que durante la presencia de cierta persona en un colegio hubo algunos acontecimientos bastante curiosos. Hubo una plaga entre nosotros de “picadura de mosquito” muy malas. Aunque no eran venenosas, las picaduras sangraban mucho. Una vez que dicha persona abandonó el colegio esas picaduras cesaron. Mencionando después este asunto con el adepto, él consideró que era la obra de un vampiro, mencionando que había visto casos en África en los que la víctima había perdido en tal grado su sangre que era difícil encontrar una gota de sangre para poder examinarle, pues no resultaba sencillo conseguir que fluyera de los debilitados tejidos.

La ciencia médica no puede hacer nada por esos casos. El enfermo muere poco a poco sin poder encontrarse ninguna enfermedad orgánica. Sin embargo, el aspecto es el de una persona que se va hundiendo por causa de hemorragias repetidas.

Apariciones

Hay dos formas de “aparición” que debemos considerar: una se debe a un alma descarnada que interfiere a una persona en particular, y la otra se debe a las condiciones predominantes en un lugar particular, las cuales afectan a cualquier persona lo bastante sensible que llegue allí. Salvo en los casos en los que la influencia es excepcionalmente poderosa, la persona insensible es inmune. Como norma general, para percibir una “aparición” hay que tener ligeras características psíquicas; esta es la razón de que los niños, los celtas y las razas de color sufran gravemente esas interferencias, mientras que el tipo nórdico sea comparativamente inmune, y en menos medida el latino vivaz, materialista y escéptico.

Consideremos primero la interferencia de un alma descarnada. Obsérvese que utilizo el término “interferencia” y no el de “ataque”. La perturbación no tiene porque ser necesariamente un ataque, del mismo modo que el hombre se ahoga y se aferra a quien le rescata, llevándolo a las profundidades del mar no está motivado por la malicia.

La entidad que causa el problema puede ser un alma que se halla con problemas en el plano interior y es demasiado ignorante de las condiciones posteriores a la muerte para conocer el daño que está haciendo al aferrarse tan desesperadamente a los vivos. Por esta razón es tan valiosa la propagación de la enseñanza espiritual pues ayuda a aliviar la tensión existente entre este mundo y el siguiente.

Por lo que sé por experiencia, me siento inclinada a pensar que la malevolencia deliberada es rara; pero ese aferramiento inducido por el pánico no es incomún y explica el motivo de que el superviviente de una pareja pase a veces por experiencias muy desagradables tras la muerte del compañero o compañera. También hay casos, aunque más infrecuentes, en los que un alma con algún conocimiento del ocultismo, pero muy unida a la tierra por deseos sensuales, utilice una curiosa forma de reflexión con el fin de gratificar esos deseos mediante el cuerpo físico de otra persona.

Hay innumerables ejemplos de estos dos tipos de interferencia astral en la literatura oculta y espiritualista.

Para determinar estos casos y los tratamientos correspondientes conviene a consultar a personas debidamente preparadas, ya que no es posible en este breve resumen ir al fondo de las distintas posibilidades.

Cuando las apariciones se relacionan con el lugar que es centro de la manifestación y no con una persona especial, debemos distinguir entre la entidad unida a la tierra que permanece aferrada a ese punto particular y la atmósfera de pensamiento que queda cuando se han experimentado allí emociones violentas. No es nada fácil determinar si la perturbación se debe sólo a la atmósfera o si alguna entidad unida a la tierra complica la situación. Cuando está presente una entidad suele poder verse antes o después. Además, es usual que se la pueda escuchar además de sentirla.

Cuando se ve un fantasma también se le suele oír, pues para que una forma sea lo bastante sustancial para que resulte visible debe tener a lo menos un poso de ectoplasma en su composición, y el ectoplasma puede ejercer fuerza en el plano físico al menos en algún grado. Cuando un fantasma puede verse y oírse podemos estar seguros de que hay una aparición real. Cuando se ve pero no se escucha puede ser que una persona con tendencias psíquicas esté percibiendo las imágenes en el éter reflector, la placa fotográfica de la naturaleza, sin que haya presente ninguna entidad.

Cuando la perturbación se oye pero no se ve, puede deberse a fuerzas astrales puestas en movimiento por un ritual mágico, las cuales continuarán durante un tiempo cuando cese el impulso original. Estas pueden ser absolutamente inocuas, salvo que perturben el sueño como lo haría una ventana mal encajada afectada por el viento. Pero si se han realizado rituales evocadores poderosos, y la limpieza de la espera no se ha realizado apropiadamente, pueden producirse perturbaciones profundas y la situación será excesivamente desagradable.

Todos los psíquicos saben que las sedes de templos antiguos en los que se realizaron rituales misteriosos están siempre potencialmente cargados de fuerza psíquica. Esa fuerza no tiene porque ser maligna, pero sí tiene un efecto poderosamente estimulante de los centros psíquicos y remueve las fuerzas subconscientes; y como la mayoría de las personas civilizadas sufre en mayor o menor grado de lo que Freud llama “represión”, esa conmoción de la mente subliminal produce una sensación de perturbación profunda. No hay porque atribuir influencia maligna a un lugar o personas que nos produce incomodidad; puede suceder, simplemente, que una fuerza psíquica con una tensión mayor de lo que estamos habituados a soportar, perturbe nuestro equilibrio.

Las sedes de los monasterios que fueron desmantelados por la persecución en la época de las reformas tienen también con frecuencia “apariciones” de fuerzas psíquicas. La mente de grupo de una comunidad religiosa es muy potente, y cuando es perturbada por la emoción conjunta de sus miembros, las fuerzas así liberadas no se dispersan fácilmente. Además, los monjes iniciados en los misterios de Jesús, no es probable que entregaran de buena voluntad sus lugares sagrados a los despojadores. Se ha dicho una y otra vez que hay una maldición que recae sobre aquellos que se beneficiaron del expolio de las tierras eclesiásticas. Es algo tan conocido que no requiere discusión en estas páginas.

Sin embargo, hay otro hecho en relación con la propiedad de la iglesia, que quizá no sea tan conocido, y es la frecuencia con que se informa de sucesos psíquicos en relación con las vicarías.

Los rituales de la iglesia son, evidentemente, magia ceremonial, tal como admite una autoridad tan ortodoxa como Evelyn Underhill. El clérigo medio no está muy versado en la técnica del ocultismo y por tanto entiende poco o nada lo que está haciendo. Las influencias que lleva hasta el altar, y las fuerzas que saca de allí, queda como una cuestión abierta en cada caso individual. Un hombre cuya conciencia haya sido exaltada por el ritual y que no sepa cómo sellar su aura y volver a la normalidad, es susceptible a la invasión psíquica.

Los objetos relacionados con cualquier forma de operación ceremonial están invariablemente cargados de magnetismo e íntimamente vinculados a la fuerza a la que ha servido.

La cristiana no es la única religión que puede magnetizar sus instrumentos ceremoniales. Hay otras religiones ritualistas, algunas de ellas degradadas. Debemos tener mucho cuidado antes de poner en nuestra habitación, como ornamentos, objetos que puedan estar relacionados con cultos cuya naturaleza no entendemos.
Los egipcios daban una gran importancia a la conservación del cuerpo físico. Se sabe que las tumbas de los grandes hombres estaban protegidas por medio de lo que popularmente se domina hechizos, y que el poder y el alcance de la magia egipcia son algo que muy pocas personas comprenden. El estudioso moderno del ocultismo que lea lo que dice Iamblichos sobre los misterios egipcios tendrá una sorpresa.
Sin embargo, en la mayoría de los casos quien compre una curiosidad egipcia no tiene que temer; lo peor que puede dar la investigación psíquica de esos objetos es la visión de disputas laborales en una fábrica de producción en masa.

Al iniciado se le aconseja estrictamente que nunca diga como blasfemia el nombre con el que otro conoce a su dios, pues es la misma fuerza que él venera representada con otro símbolo. “Los caminos de Dios son tan numerosos como el aliento de los hijos de los hombres”, dice un viejo refrán árabe. Hay que tener suficiente simpatía por los esfuerzos de otra alma para dirigirse a la luz y no burlarse de las cosas que están santificadas, al menos por sus esperanzas y trabajos. El padre de todos entenderá su significado mejor que nosotros, y con su aceptación consagrará esos objetos para siempre.

No todos los casos de perturbación psíquica se originan externamente. Es una ley cósmica bien conocida que todo se mueve en círculos, y con independencia de las fuerzas que enviemos hacia fuera, y de las formas de pensamiento que lancemos desde nuestras auras, a menos que sean absorbidas por el objeto al que están dirigidas volverán a nosotros a su debido tiempo. Uno de los métodos más eficaces, y también de los más practicados, de defensa oculta consiste en negarse a reaccionar ante un ataque, y no aceptar ni neutralizar las fuerzas proyectadas contra uno, devolviéndolas así a quien las ha enviado. No debemos subestimar nunca el hecho de que un supuesto ataque oculto puede ser formas de pensamiento malignas que vuelven al lugar de donde salieron.

Hay ciertos tipos de locura en los que el lunático cree ser la víctima de un ataque de seres invisibles, que le amenazan y le ofenden y le hacen insinuaciones bajas o peligrosas. Describe a sus atormentadores o señala su posición en la habitación. Un psíquico que investiga un caso así muy a menudo puede ver las supuestas entidades allí donde el lunático dice que están. Sin embargo, el psicólogo puede presentarse y demostrar más allá de toda duda razonable que las llamadas “alucinaciones” se deben a instintos reprimidos que dan lugar a complejos disociados de ideas en la mente subconsciente del paciente.

¿Quiere esto decir que el psíquico se equivoca cuando piensa que percibe una entidad astral? En mi opinión tanto el psíquico como el psicólogo tienen razón y sus descubrimientos se explican mutuamente. Lo que el psíquico ve en el complejo disociado salido del aura es una forma de pensamiento. Se puede aliviar mucho a los lunáticos rompiendo las formas de pensamiento que les rodean, pero por desgracia el alivio es de escasa duración; pues a menos que la causa de la enfermedad sea tratada, una nueva forma de pensamiento se elaborará tan pronto como los originales hayan sido destruidas.

Los riesgos incidentales de la Magia Ceremonial

Para tratar adecuadamente el problema de la autodefensa psíquica tenemos que entender un tema sobre el que se ha escrito muy poco: la naturaleza de las fuerzas del mal inteligente y organizado.

Las grandes fes del mundo antiguo tenían todos sus dioses malignos lo mismo que sus deidades benéficas, y no llamaban diablos a esos dioses malignos. En el hinduismo, tenemos a Shiva y Kali; en el sistema egipcio tenemos a Set, Vesz y Tifon; en el panteón griego están Plutón y Hécate.

Todas las demás tienen también sus coros angélicos, sus arcones o constructores y toda la jerarquía de los cielos. Sólo el cristianismo protestante ha olvidado su angelología, el creador ha de ser al mismo tiempo arquitecto del universo y albañil, formando al hombre del polvo sin ayuda.

Sin embargo, si hacemos referencia al “Paraíso perdido” veremos que Milton estaba familiarizado con las jerarquías divinas y con las infernales, y que éstas estaban graduadas de acuerdo con un sistema definido. Todo el que esté familiarizado con la cábala reconocerá en Milton un cabalista.

En la cábala encontramos el esoterismo del Antiguo Testamento. Me propongo utilizar la terminología cabalística para explicar la teoría esotérica del mal, primero porque es aquella con la que más familiarizada estoy; en segundo lugar porque constituye la base del pensamiento oculto occidental y toda la magia medieval se basa en ella así como una gran parte de la magia moderna; en tercer lugar, en mi opinión es singularmente lúcida, coherente y global; y al ser un sistema consagrado por la antigüedad no puedo ser acusada de novelar o fabricar el mío propio.

El iniciado reconoce dos tipos de mal, el mal negativo y el positivo. El mal negativo es el opuesto polar del bien, es el bloque de impulso del bien; el principio de la resistencia, de la inercia, que permite al bien “actuar”.

Pero el mal negativo es también más que eso. Podemos llamar al principio de resistencia el aspecto “negativo” del mal negativo. Pues tiene también un aspecto “positivo”: el principio de destrucción.

Podemos explicar mejor la función cósmica del principio de destrucción dándole su nombre esotérico de vengador de los dioses. Su función es la de limpieza tras la marea de la evolución, eliminando lo que ha quedado anticuado para que no sofoque la vida en evolución.

Podemos encontrar ahora la respuesta al enigma eterno de la razón por la que Dios tolera al diablo. El diablo es el bloque de impulso cósmico y el vengador de los dioses. Este aspecto del mal es el que recibe un simbolismo más detallado en los panteones de otras fes, teniendo sus aspectos de Shiva y Kali o Plutón y Hécate. Podemos ver ahora la razón de que esas fuerzas resistentes y destructivas sean clasificadas como dioses y no como demonios, pues son reacciones que están de acuerdo con la ley cósmica, no fuerzas anárquicas y caóticas.

Lleguemos ahora a la consideración del mal positivo. También éste un aspecto “negativo” y otro “positivo”. Su aspecto “negativo” es puro caos, sustancia informada y fuerzas sin coordinar. Se le ha llamado correctamente el aborto cósmico. Vagar en la esfera del mal positivo “negativo” es como quedar atrapado en unas arenas movedizas psíquicas. Consideramos ahora la esfera del “positivo” mal positivo, los propios demonios, o el Qlippoth, como se les llama en la cábala. Para entender su significado, debemos hacer otra incursión en la filosofía cabalística.

El Creador es concebido como el que manifiesta el universo mediante una serie de emanaciones divinas, en número de diez. Estas reciben el nombre de los Sefiroth sagrados y se representan en un diagrama dispuesto de modo particular. Es el famoso árbol de la vida, la clave de todo simbolismo.

Los Sefiroth no emanaron independientemente, cada uno de la fuente divina; si no que fluyeron el uno del otro. En cuanto un Sefira ha emanado a otro se dice que estos dos se hallan en equilibrio, compensándose el uno al otro. Pero hay un período durante la emanación de un Sefira en el que la fuerza no está totalmente todavía en equilibrio, sino que se impulsa sin apoyo, como un arco incompleto. Esta fuerza sin compensación emanada durante la época de desequilibrio, y no absorbida nunca posteriormente tras el establecimiento de la esfera nueva es lo que constituye el mal positivo. Hay, por tanto, diez tipos de mal positivo, así como diez emanaciones divinas.

A estas esferas van, de acuerdo con su tipo, todas las imaginaciones malignas del corazón del hombre que no son neutralizadas o compensadas por un exceso de bien en los otros miembros del mismo alma del grupo. Hay aquí una doctrina oculta profunda en la que no podemos entrar ahora: basta con afirmarla dogmáticamente al explicar la concepción cabalística del Qlippoth. Si consideramos todo lo que se debe estar derramando en estos diez recipientes de iniquidad desde los tiempos de la magia de la Atlántida, a través de Babilonia y Roma, llegando hasta las guerras mundiales, podemos imaginar lo que surge de ellos cuando se rompen sus sellos.

De ellas no sólo emanan influencias que tienten y corrompen a las almas, a cada uno de acuerdo con su susceptibilidad, sino que además han servido con el tiempo para la formulación de inteligencias malignas. Estas se originaron probablemente por la magia negra, que tomó la esencia maligna esencial y las organizó para sus propios fines. Los seres así formulados asumieron una existencia independiente, se desarrollaron y se multiplicaron. Aparecen como sueños y alucinaciones y pueden producir un considerable grado de fenómenos objetivos, como ruidos, depósitos de barro o sangre, bolas de luz, y sobre todo, aromas de sorprendente olor.

Las diez emanaciones divinas están personificadas como los arcángeles, y las diez emanaciones infernales como los archidemonios. Estos son los que tienen los nombres de poder en magia. Por tanto, cada Séfira tiene su lado inverso en el correspondiente demonio Qlippothico. El adepto iniciado controla siempre la fuerza demoníaca antes de utilizar la angélica, con la que puede contactar en cada Séfira mediante los medios apropiados. Además, los planetas, los elementos y signos del zodíaco están todos íntimamente relacionados con los Sefiroth, disponiéndose en el árbol de la vida en un esquema conocido sólo por los iniciados.

El adepto iniciado tiene sumo cuidado en lo que hace cuando trabaja con estas potencias, pues sabe que debe contar con el Qlippoth del fondo. El ocultista no iniciado avanza alegremente, jugando con los nombres de poder que ha recogido de innumerables libros sobre el tema y que ahora están a disposición de cualquier lector, pensando que si no invoca a los demonios éstos no vendrán. Olvidan que cada planeta es un Jeckyll y Hyde. En consecuencia, la magia ceremonial se ha ganado un mal nombre por culpa de la desagradable frecuencia con que se producen resultados indeseables, al igual que la cirugía tuvo un mal nombre antes de los tiempos de Lister. El problema está en la técnica perfecta.

Entre el público en general, que no se interesa por el ocultismo, los resultados de los infortunios mágicos nunca se dan, y los únicos médicos que los ven son también iniciados además de médicos, y como es natural guardan silencio. Las catástrofes tienen diversos grados de gravedad, desde un mal susto a una fatalidad.

No puedo decir mucho sobre estos temas, pues se encuentran entre los senderos más secretos del conocimiento oculto. Sí se puede sugerir lo suficiente, sin embargo, para revelar lo que en ciertas circunstancias se puede experimentar. No creo que haya la menor posibilidad de encontrar a los demonios Qlippothicos si no es utilizada la magia ceremonial. En Inglaterra son tan raros como el ántrax, pero está bien conocer el modo de su manifestación para reconocerlos si se los encuentra.

La gran mayoría de los charlatanes del ocultismo están protegidos por su propia ineptitud. No consiguen resultados, y en consecuencia nada les daña; pero si obtuvieron resultados encontrarían sus manos llenas. El estudio serio, a menos que trabaje una idea cualificada, también se puede encontrar en dificultades, y por varias razones.

Puede tener una experiencia insuficiente en la operación que ha emprendido, pues en la magia la teoría es una cosa y la práctica otra. Un estudioso de la ciencia oculta a menudo sacará una fórmula de un libro y tratará de utilizarla. Es igual que si alguien estudiara las instrucciones de cirugía y tratara de realizar una operación. La mayor parte de las fórmulas son incompletas, siempre hay trabajos que no se escriben. Algunos de los “nombres bárbaros de evocación” que utiliza el no iniciado como palabras de poder son en realidad son en realidad las letras iniciales de una fórmula o sentencia mántrica. Una vez encontré una invocación en la que la palabra de poder era Tegatoo Al investigar resultó ser los restos de El Gran Arquitecto del Universo.

Incluso un ocultista experimentado puede tener dificultades si realiza trabajos mágicos con mala salud, cansancio excesivo, incluso si tiene en su cuerpo una moderada cantidad de alcohol, pues muy poco resulta excesivo cuando se manejan fuerzas invisibles. Esto se aplica igualmente a cada uno de sus ayudantes. La fuerza de una cadena está en su eslabón más débil, y si uno de los miembros del equipo no puede manejar las fuerzas todo el mundo sufrirá por ello. Una logia ritual no es lugar para un ineficaz bien intencionado.

Autodefensa Psíquica de Dion Fortune – Cuadernillo N º 15 (fragmento)
Traducción: Anita Manassei