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@solitalo

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“Mi hogar es la palabra gracias y mi patria son mis zapatos”. Alejandro Jodorowsky.

¿Qué tipos de zapatos usas? ¿Cómo son tus pies? ¿Eres hijo único, eres el mayor de tus hermanos? ¿Cómo te relacionas con el dinero? Todos estos temas te dan pistas para descubrir cuál puede ser el motivo de sentirte desubicado, vivir con sentimiento de pobreza o creer que hay cosas que no te mereces.

Todos tenemos nuestro sitio en este mundo pero, no esperes a que otros te lo den, tienes que dártelo tú.

¿Con qué están relacionados los problemas de territorio?

Los problemas de territorio son en esencia problemas con nuestra hermandad, nuestra familia y que también pueden afectarnos en lo corporal y en el dinero. El ego material se relaciona directamente con el territorio.
Los aspectos negativos nos remiten a todos los estados de estancamiento material: la cárcel, los problemas de sobrepeso de nuestro cuerpo, un trabajo donde uno no se realiza, el paro, una situación económica estancada, una familia encerrada en sí misma.

Si no te dieron un espacio en tu familia, de adulto no te considerarás digno de ocupar ningún lugar. Te sentirás fuera de sitio, como un exiliado. Hay que investigar cómo has vivido los problemas con tu hermandad ya que las cosas no resueltas, se trasladan a la pareja, los amigos, los compañeros y los vecinos. Los hijos únicos tienen todo el espacio para ellos aunque también, llevan todos los proyectos que los padres tenían para “sus hijos”.

Hay que evaluar:
-Si tus padres querían una niña y fuiste niño o viceversa.
-Si había un preferido o preferida
-Si hubo un aborto antes de tu nacimiento o después del mismo
-Si hay un hermano muerto antes de tu llegada al mundo.
-Si estás justo en el centro, muchas veces la vida es una verdadera lucha por encontrar tu lugar.

¿Cómo se manifiestan esencialmente los problemas de territorio?

Por ejemplo la prohibición de viajar, de explorar, las dificultades para adaptarse a los cambios, el exceso de pedir disculpas como si se estorbara siempre, el apego excesivo a lo material, la tendencia a acumular, la rivalidad, los celos enfermizos, los límites para la prosperidad económica, etc.

¿Qué es lo ideal?

Deberíamos empezar por sentirnos cómodos en nuestro propio cuerpo. Sin importar dónde estemos, ni tampoco la gente que nos rodea, nuestro cuerpo es el lugar perfecto… Sucede que hay personas que no están a gusto en ningún sitio, es porque no están a gusto con su propio cuerpo.

¿Desde qué parte del cerebro se controlan los aspectos relacionados con el territorio?

Ahí está la clave del problema. Es el cerebro más primitivo el que controla el territorio, el alimento y la descendencia. El dinero proporciona estas tres necesidades básicas y en el momento en el que creemos que nos falta, nos estresamos y nos angustiamos. También puede suceder que vivamos en una familia que asocia el dinero con el pecado, lo que nos dificultará ganarlo y nos estresará de forma crónica.

Continuemos con los problemas de hermandad.

A veces, cuando los padres desean  tener un hijo y nacen dos, mellizos o gemelos, puede suceder que se les trata como si fueran una única persona. Los dos comparten el territorio que estaba destinado a uno sólo y todo se reparte. Uno es el sociable, el otro el tímido; uno tranquilo, el otro nervioso; uno es el duro, el otro es muy sensible; uno es el listo, el otro el torpe; uno se casa, el otro se queda soltero, etc.

Parece lógico pensar que tenemos derecho a tener nuestra parcela de territorio. Por eso se necesita crear espacios para compartir y espacios privados. Todos deberíamos de tener un espacio sagrado donde poder recluirnos cuando lo necesitamos. Si no lo hacemos, seremos invadidos por familiares, amigos, comerciantes, etc. No seremos nosotros mismos.

¿Hay algún nudo que nos ate al territorio de forma compulsiva?

Decíamos que una característica del mismo era hacerlo todo dentro de la familia, o con alguien de la familia. Se trata de algo que nos impide salir al mundo, nos encierra, rechazando las influencias exteriores. Quedamos amarrados a la familia sin posibilidad de expandirnos.

Hay un momento en el que se deben cortar amarras neuróticas, abrir los blindajes, entrar en una nueva vida que por supuesto, al comienzo será difícil porque aún no la hemos explorado. Rechazar ser cobardes, encontrar nuevos horizontes, nuevos territorios, etc. He leído que nuestro cuerpo refleja los problemas o enfermedades heredadas del clan. ¿En qué parte de nuestro cuerpo estaría el territorio?

Los pies simbolizan el territorio, están conectados con nuestra hermandad en el árbol genealógico. Simbolizan la firmeza y el arraigo; “tener los pies en el suelo” significa estar arraigado, ser consciente. Parece ser que cuando no estamos viviendo nuestra vida, caminamos como un ladrón sin hacer ruido. Si somos hijos de padres divorciados, o separados…las puntas de los pies se separan.

Se suele decir que los problemas de pies esconden el temor al futuro y el miedo de no poder avanzar en la vida.

En los pies también podemos situar la infancia. Y respecto a la forma de los mismos: pies grandes, simboliza a una persona que en su infancia estuvo muy unido a la madre y con una cierta tendencia al materialismo. Pies planos corresponden a una persona sin estabilidad ni apoyo.

Caminar sobre las puntas de los pies significa tener poco contacto con la realidad, no echan raíces en ninguna parte y son poseedores de grandes sueños, con mucha fantasía y creatividad.

Caminar apoyados sobre el talón, marca una tendencia a escapar de la vida ya que pueden se derribados hacia atrás fácilmente.

¿Qué podemos decir de los zapatos que calzamos, ellos también hablan de nuestros problemas?

Podemos reflexionar si al levantamos a la mañana, calzamos nuestros pies con unos anchos zapatos para ir holgados por la vida, ¿o estrechos para castigarnos por avanzar? Si nuestros zapatos terminan en una fina punta para abrir nuevos caminos, o en punta cuadrada que obstaculiza nuestros logros. ¿Son altos, para competir y que se note nuestra presencia en el mundo, o bajos y silenciosos para disculparnos por existir? Llegamos a casa y cambiamos de calzado para pisar cómodamente lo que consideramos nuestro hogar, ¿o seguimos con los mismos que pisaron la calle, porque no distinguimos el territorio de “fuera” del de “dentro”?

La cultura japonesa cuida mucho el tema de los zapatos. Una costumbre de la cultura japonesa advierte que cuando entras en una casa hay que descalzarse, los zapatos se quedan en la entrada para evitar que los extraños tomen posesión de ese territorio. Parecen indicar que el hecho de pisar con los zapatos es una forma de tomar posesión de ese territorio…

¿Qué otras cosas “simbólicas” podemos hacer que guardan relación con los pies y el territorio?

Es conveniente que amemos la ciudad en la que vivimos, ese espacio que pisamos todos los días. Y para mejorar nuestra relación con ese espacio propone este sencillo acto psicomágico: “antes de salir a pisar la calle, perfuma las suelas de tus zapatos”.

¿Qué son los contratos materiales-corporales-económicos?

Son frases que hemos escuchado en la familia desde muy pequeños y que se nos han quedado grabadas. Afirmaciones que consideramos inviolables, del estilo de: “El que arriesga pierde”, “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, “Más vale malo conocido que bueno por conocer”…

¿Algún otro nudo que nos pueda crear problemas con el territorio?

La neurosis espacial, provocada porque teníamos que compartir nuestro espacio con un hermano. No teníamos espacio propio. Puede desembocar en que ahora necesitemos mucho espacio para vivir. Tenemos problemas con el espacio que se manifiesta a veces con una insatisfacción perpetua con el territorio que se ocupa. Como ejemplo está el caso de personajes famosos de origen humilde que invierten en grandes fincas, incluso se hacen propietarios de islas enteras para ellos.

Alejandro Jodorowsky