@solitalo

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Un anciano maestro se cansó de las quejas de su aprendiz. Una mañana, tras unos días en los que el alumno había estado especialmente quejumbroso, le envío a conseguir un poco de sal.

Cuando regresó, el maestro le dijo que mezclara un puñado de sal en un vaso de agua y se lo bebiese. El alumno le miró con extrañeza, a punto de protestar, pero obedeció a su maestro.

¿A qué sabe? Preguntó el maestro con gesto serio.

“Amarga y salada”, dijo el aprendiz dudando si comenzar de nuevo su retahíla de quejas.

El maestro sonrió e instó al joven a tomar un puñado de sal equivalente y a arrojarlo en un lago próximo. Los dos caminaron en silencio hacia el hermoso lago. Una vez que el aprendiz arrojó su puñado de sal en el agua, el anciano dijo:

“Ahora bebe del lago”.

A medida que el agua goteaba por la barbilla del joven, el maestro preguntó con una leve sonrisa:

¿A qué sabe el agua?

Agradable y fresca, comentó el aprendiz.

¿Te supo a sal?, preguntó el maestro.

No, dijo el joven.

El maestro se sentó junto a su aprendiz, y explicó:

“El dolor de la vida es pura sal, ni más ni menos. La cantidad de dolor en la vida de cada uno de nosotros va a ser exactamente la misma. Sin embargo la cantidad de amargura que probamos depende del recipiente en que ponemos la pena. Así que cuando está el dolor, la única cosa que puedes hacer es agrandar tu espacio interior. Deja de ser vaso. Transfórmate en lago.”

Desconozco el autor, si alguien tiene información le agradezco me la haga llegar para darle sus créditos correspondientes.

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