@solitalo

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Hubo una vez un hombre que logró comunicarse con los ángeles y en la plenitud de ese momento recibió un mensaje muy claro: “Eres un Dios, hecho a imagen y semejanza del creador, con la capacidad de hacer lo que quieras. Todos los seres que caminan la tierra son dioses”.

El mensaje llenó al hombre esperanza y alegría, era lo que necesitaba escuchar en ese momento y decidió salir a recorrer el mundo en esta nueva luz, sintiéndose el creador mismo de su realidad y todo un Dios.

En su camino se encontró con otros hombres a quienes les contó lo que había logrado escuchar: 

—¿Lo sabías? ¡Somos dioses! Tu, yo. ¡Somos dioses, todos somos dioses!—.

La mayoría escuchaba el relato y se alegraba, pero un día uno de ellos le hizo una contra pregunta: 

—Si todos somos dioses ¿Mi perro también es Dios?—.

— Sí —, respondió el hombre, dándose cuenta recién que la comunicación del ángel también incluía a los animales.

Tiempo después con su caminar seguro el hombre mientras manejaba su automóvil frente a frente se encontró con un camión y lleno de su capacidad y creencia de ser Dios se puso a prueba, pues un Dios no puede temer a otro Dios y en voz alta dijo:

—¡Muévete camión! Dios te lo ordena—

Pero el camión siguió su camino y un fuerte bocinazo se pudo escuchar.

— ¡Hazte a un lado, Dios te lo ordena! —volvió a decir el hombre con seguridad, pero el camión cada vez se acercaba más y volvía a hacer sonar la bocina.

— ¡Hazme caso chofer, Dios te ordena que te detengas! — exclamó con fuerza y el camión siguió su camino, sonó una última vez su claxon y justo antes de estrellarse frente a frente el instinto del hombre lo llevó a hacer una maniobra evasiva que aunque no pudo evitar el choque, logró al menos salvarle la vida.

Meses después y ya recuperado se encontró por la calle con el hombre del perro quien lo detuvo y le mostró los trucos que había logrado enseñarle a su mascota. 

—Mira todo lo que he logrado al aprender a respetarlo — Le dijo. —¿y tu, cómo estás? ¿Tienes más noticias de los ángeles que contarnos?

—Ya no creo en esas cosas—, respondió el hombre. —Me han fallado y tuve un tremendo accidente con un camión. Intenté poner a prueba lo que me han dicho de que somos dioses y podemos crear lo que queramos y falló: el camión no se movió del camino por más que le dije que lo hiciera—.

—¿Y tu no escuchaste el claxon del camión?—

—Sí, pero me dijeron que yo era Dios, y no debía temerla a nada, menos a otro dios al volante de un camión, con mi poder debería haberlo él notado y haberse movido—.

— ¿No has notado que él con su claxon te estaba diciendo lo mismo? —, le dijo el hombre del perro. — La diferencia es que para él un choque en el camión era mucho menos grave que para ti en tu automóvil, y debiste haber tenido eso en cuenta.

Pasmado el hombre se sonrojó como un niño y siguió escuchando al hombre del perro.

— Es verdad que todos somos dioses, y hasta mi amigo canino aquí lo es, pero cada uno tiene un nivel en el que su divinidad opera, y hay que aprende a diferenciarlo. La física tiene leyes claras que debemos respetar para mantener a nuestro cuerpo con vida, y el espíritu tiene su propia forma de funcionar distinta —, le explicó con más lucidez de la que había escuchado nunca hasta entonces.

—La sabiduría radica en no mal interpretar las palabras de los ángeles y volverlas literales, y saber en qué nivel estás operando en que momento —.

Adaptación de un cuento hindú.

Pablo Morano
sabiduriainterior.com

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