@solitalo

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Según el hinduismo, Krishna es el octavo avatar de Vishnu. Es una de las deidades más importantes y veneradas de la India. En devanagarí se escribe (krsna), que en sánscrito significa ‘negro’ u ‘oscuro’ debido a que según la tradición ese era el color de su piel. 

El lugar de Krishna en el hinduismo es complejo. Se le conoce por muchos nombres, en una multiplicidad de historias, entre diversas culturas, y en diversas tradiciones. A veces éstas se contradicen, aunque hay una historia en común que es bien conocida y predominante entre la mayoría de los indios. 

Mientras que de acuerdo con las principales tradiciones hindúes él es una de las encarnaciones principales de Vishnu, en el vaisnavismo gaudiya (o sea el ‘vishnuismo de Bengala’) se le considera la fuente de toda la realidad material, que constituiría una emanación suya, así como de las encarnaciones divinas, y por lo tanto es visto como el único y siendo la forma original de Dios, al que también se refiere esta escuela como la “suprema personalidad de Dios” .

Nacimiento e infancia

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Kansa era un malvado rey que vivió hace mucho tiempo.  Un día, un adivino le dijo que sería asesinado por el octavo hijo de su hermana, Devaki.  Kansa se enfureció y ordeno que custodiaran a Devaki y a su marido, Vasudeva, dia y noche.  Dio orden de matar a todos los hijos que tuvieran, y los siete primeros retoños de Devaki fueron asesinados nada más nacer.

     Kansa quería mantener en secreto su malvado plan.  Amenazó con matar a sus guardias si decían una sola palabra.  No deseaba que los dioses se enteraran, pero estos lo hicieron.  Vishnu, el Preservador, dios de la bondad y la misericordia, que tenía el poder de renacer una y otra vez con  muchas formas distintas, decidió que reencarnaría en el octavo hijo de Devaki, y fue a convertirse en el bebé que ésta llevaba en el vientre.

     Cuando Devaki estaba apunto de dar a luz a su octavo hijo, Kansa no quiso correr ningún riesgo.  Encerró a Devakiy a Vasudeva en las mazmorras y puso a un guardia armado frente a la puerta para que los custodiara día y noche.

     Era medianoche.  Una extraña calma se cernió sobre el mundo.  Todo estaba tan silencioso que no había el mas mínimo soplo de viento sobre el suelo polvoriento.  Devaki gritó.  El cuerpo obscuro y húmedo de un varón llegó al mundo retorciéndose, y el universo se estremeció de emoción.  En el cielo, los tambores retumbaron frenéticamente.  El señor Indra derramó una lluvia de flores y rocío desde el cielo.  Las diosas, los ángeles, las ninfas y los santos empezaron a cantar.

     ¡Vishnu ha vuelto a nacer en forma de hombre, y su nombre es Krishna!

    Vasudeva sostuvo a un hijo con temor. ¿Cómo podía salvarlo?.  De pronto, Krishna abrió los ojos.  Fue como si hubieran abierto las puertas del cielo, como una llave abriendo una cerradura.  Devaki y Vasudeva vieron con asombro cómo se soltaban sus cadenas y se abría la puerta de la prisión.  Fuera, los guardias dormían un sueño profundo.

     ¡De prisa ! ¡Salvemos a nuestro bebé! ̶  susurro Devaki.  Las lágrimas le corrían por el rostro, porque deseaba quedarse con el niño, amamantarlo y besarlo.  La familia se abrazó por un instante y después, Vasudeva desapareció con su hijo en la obscuridad. 

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     Corrío hasta que llego a orillas del río Yamuna. Si lograba cruzarlo, estaría a salvo, puesto que en la otra orilla vivían un pastor de ganado y su mujer, llamados Nanda y Yasoda.  Eran dos personas buenas y honestas que cuidarían de Krishna como si fuera hijo suyo.

     Vasudeva se metió en el agua.  Cuando estaba a mitad de camino, se desató una tormenta.  Las aguas se agitaron con furia, y Vasudeva tuvo que sostener al recién nacido sobre su cabeza.

     Pensó que había llegado el final y que ambos iban a morir ahogados, pero en ese momento Krishna extendió un pie y lo sumergió en el agua.

     Milagrosamente, las aguas enfurecidas se calmaron, y Vasudeva pudo vadear el río hasta la otra orílla.

     Nanda y Yasoda se hicieron cargo del niño.

     No te preocupes ̶, dijeron en voz baja̶ .  Lo cuidaremos igual que si fuera un dios. Vasudeva les dió las gracias y regresó junto a su esposa.  Así fue como Krishna se crió como el hijo del pastor.  Correteaba y jugaba, y unas veces se portaba bien y otras mal, como cualquier otro niño.  También podría ser muy travieso.  Su nombre se podia oír por todos los prados.

     ¡Krishna es un niño travieso! ¡Krishna esta robando leche a los lecheros y mantequilla de sus mantequeras! ¡Krishna se ha colgado de un rabo, del rabo de una vaca para que lo arrastre por la hierba!

     ̶ ¿Eso es verdad, Krishna? ̶ le preguntaba su madre.  Y él la miraba con sus ojos negros y se echaba a reír, mostrando sus dientes nacarados que brillaban como las estrellas.  Nadie podía estar enfadado con él durante mucho tiempo.

     Yasoda tenia los mismos miedos y esperanzas que cualquier madre.  Le advertía de los peligros, como la diabólica mujer ogro que comía niños o la daga que vivía junto al río .

     Un dia, los niños de la aldea llegaron corriendo a casa de Yasoda y le dijeron que Krishna habia comido tiza.

     ̶ ¿Es eso cierto? ¿Has comido tiza? ̶ le pregunto.

     ̶ No, no es cierto̶, contestó Krishna̶ .  Lo que pasa es que los niňos quieren buscarme problemas.

     Abre la boca.  ¡Dejame ver!  ̶  le exigio Yasoda.

     Krishna abrió la boca, y Yasoda miro en su interior.  El tiempo y el espacio se detuvieron.  Miraba dentro de la boca de la eternidad.  Vio la creación del cielo y la tierra.  Vio los planetas y las galaxias del universo.  vio la tierra, el agua el fuego y el aire.  Vio volcanes y terremotos, cadenas montaňosas que nacían , ríos turbulentos, junglas, desiertos y oceanos relucientes.  Vio su propia aldea y los pastores que cuidaban de los rebaňos.  Vio la vida y la muerte.

     Yasoda presenciaba la creación en la boca del seňor Vishnu.  Entendió que no hacía falta que amparara a Krishna porque él lo protegería.

     Krishna cerró la boca, y Yasoda olvido al instante todo lo que había visto.  Pero su corazón rebosaba de amor hacia él.  Lo puso en su regazo y no volvió a tener miedo nunca más .

Krishna el príncipe

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Al cumplir 16 años de edad, Krishna fue a Mathurā invitado por su tío a una contienda circense, donde mató a todos los gladiadores que su tiránico tío había puesto contra él y luego mató a éste a puñetazos. Se convirtió así en el rey de los Yādavas (descendientes del rey Yadu) en Mathura. En este período hizo amistad con su primo Arjuna y los demás príncipes Pāndavas del reino de Kuru, al otro lado del río Yamuna. Varias décadas más tarde, se llevó a sus súbditos a Dwaraka (en la actual Gujarat). Se casó con Rukmini, hija del rey Bhishmaka de Vidarbha. 

La guerra de Kurukshetra

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En el Mahabhárata, Krishna es primo de los líderes de ambos grupos contendientes: los Pándavas y los Kurus. Finalmente se pone en el bando de los Pándavas (donde estaba su mejor amigo, Arjuna). A pesar de ser Dios, accede a ser el auriga (cochero) de la cuadriga de Arjuna en la gran batalla. El Bhagavad Gita es el consejo dado a Arjuna (que no quería pelear contra sus propios primos) por Krishna antes del comienzo de la primera batalla (la guerra duró 18 días). 

Los últimos días

Krishna reinó a los Yádavas en Dwáraka con sus 16.108 esposas (que incluían a Rukmini y Satyábhama). Al final, toda la familia de los Yadus se mataron entre ellos, y Krishna fue matado accidentalmente por un cazador (que lo confundió con un venado). Su muerte marcó el final de la era Dwápara yuga y el comienzo de Kali yuga. Un cálculo hindú pone el año de su muerte en el 3102 a. e. c.