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Las ruinas encontradas en las profundidades marinas de Zacinto (Grecia) han cimentado la idea, durante años, que los restos formaban parte de una Atlantis creada por el hombre.

Las ruinas halladas cerca de la isla griega de Zacinto, en las profundidades del  mar Jónico, han cimentado, durante años, la idea que podía tratarse de una ciudad tipo Atlantis, creada por el hombre. Los últimos descubrimientos han confirmado, sin embargo, que se trata de formaciones de origen natural.

La costa griega es uno de los emplazamientos donde, a lo largo de los años, se ha especulado con la situación de la Atlántida, a pesar de que su mismo nombre indica -también Platón- que estaba situada en el océano del mismo nombre y, recientes estudios, la situaron tras las columnas de Hércules, en España.

Especialistas en arqueología marina del Ministerio de Cultura griego han examinado recientemente este enclave sumergido entre dos y cinco metros bajo el agua y no han hallado ninguna evidencia humana. La investigación, entonces, ha seguido otras pistas hasta encontrar el origen de lo que a primera vista parecían  columnas circulares, antiguos muros y anillos.

Los científicos han confirmado que se trata, en realidad, de un fenómeno producido alrededor de hace  cinco millones de años derivado de la mineralización de filtraciones de hidrocarburos. Entonces, los microbios se alimentaron del carbono, mientras que el sedimento resultante se convirtió en un hormigón natural.

En lugar de ser restos arqueológicos, se trata de una especie de sistema de “plomería debajo del lecho marino.” 
La clave, según el profesor Julian Andrews, de la Universidad de East Anglia, reside en  que el cemento es en realidad un mineral llamado dolomita que rara vez se forma en el mar, pero puede ser bastante común en los sedimentos ricos en microbios.

Andrews también explicó que sus discos redondos fueron creados por fugas en la superficie de la tierra y que, en general, se encuentran en aguas más profundas.

Aunque el lider de la expedición aseguró que el lugar ya no será tan interesante para los buzos, las ruinas mantendrán un papel importante para albergar distintas formas de vida. “Actúan casi como un arrecife, por lo que proporcionan muchos pequeños refugios para los peces”, concluyó.

Tomado de: revistaañocero.com