@solitalo

La ocultista Dion Fortune escribió extensamente sobre los ataques psíquicos, y afirmaba que éstos ocurren con mucha más frecuencia de lo que se cree.

En su clásico libro sobre el tema, Psyclric Self‑Defense (1930), la señora Fortune describe su propia experiencia en combatir los ataques psíquicos. El primero de ellos le ocurrió cuando tenía 20 años y estaba casi destruida psicológicamente por un empleador que ella creía era adepto al ocultismo. Fortune sufrió una crisis nerviosa y creía que su aura habla sido consumida en forma muy parecida a como se puede agotar una pila. El síntoma más común de una agresión psíquica es el “síndrome de la bruja”, en el que la víctima, al despertarse, siente un peso aplastante sobre el pecho que va acompañado de parálisis. En algunas agresiones la víctima puede que vea formas, oiga ruidos y perciba olores fétidos. En unos pocos casos se presentan pesadillas.

Extracto del libro.

SIGNOS DEL ATAQUE PSÍQUICO…(I)

El lado mental de la naturaleza.El Invisible no es necesariamente malo.Causas de la hendidura del velo.Signos del ataque psíquico.Miedo y opresión.Pesadillas.Visiones hipnagógicas entre el sueño y la vigilia.Exhaustión nerviosa.Gasto y pérdida de fuerza.Cambios de temperamento.Proyección de formas de pensamiento.Materializaciones.Encantamientos.Vampirismo.Repercusión.Malos olores.Precipitación de cieno.Huellas de pies de fantasma.La campana astral.Fenómenos de poltergeist.Estallidos de fuego.

Es necesario considerar: 

(a) Posibilidad de una explicación natural
(b) Fraude deliberado.— Una mente abierta es esencial.

Si miramos al universo alrededor nuestro no podemos dejar de realizar que debe haber algún plan rector que coordine su infinita complejidad. Si tomamos en nuestras manos y examinamos minuciosamente cualquier cosa viviente, pese a lo simple que sea, debemos realizar igualmente que la ordenada diversidad de sus partes se construye sobre un armazón determinante. La ciencia ha buscado en vano este principio organizador; nunca lo encontrará en el plano físico, pues no es físico.

No es la naturaleza inherente de los átomos lo que hace que se dispongan en complejos patrones de tejidos vivientes. Las fuerzas conductoras del universo, el armazón sobre el que está construido en todas sus partes, pertenece a otra fase de manifestación distinta de nuestro plano físico, teniendo otras dimensiones que las tres a las que estamos habituados, y siendo percibida por otros modos de conciencia que aquellos a los que estamos acostumbrados.

Vivimos en medio de fuerzas invisibles de las que percibimos únicamente sus efectos. Nos movemos entre formas invisibles cuyas acciones muy a menudo no percibimos en absoluto, aunque podamos ser afectados muy profundamente por ellas.

En este lado mental de la naturaleza, invisible a nuestros sentidos, intangible a nuestros instrumentos de precisión, pueden ocurrir muchas cosas que no están sin su eco en el plano físico. Hay seres que viven en este mundo invisible como peces en el agua. Hay hombres y mujeres con mentes entrenadas, o aptitudes especiales, que pueden entrar en este mundo invisible como un buzo desciende al lecho del océano. Hay también tiempos en los que, como le ocurre a una tierra cuando los diques marinos se rompen, las fuerzas invisibles fluyen sobre nosotros y empantanan nuestras vidas.

Normalmente esto no ocurre. Estamos protegidos por nuestra misma incapacidad para percibir estas fuerzas invisibles. Hay cuatro condiciones, sin embargo, en las que el velo puede ser rasgado y podemos encontrarnos con el Invisible. Podemos encontrarnos en un lugar donde estas fuerzas estén concentradas. Podemos encontrarnos a gente que esté manejando estas fuerzas.

Podemos ir nosotros mismos a encontrarnos con el Invisible, conducidos por nuestro interés en ello, y exceder nuestras posibilidades antes de que nos demos cuenta de dónde estamos; o podemos caer víctimas de ciertas condiciones patológicas que hienden el velo.

El Umbral del Invisible es una costa traicionera para bañarse. Hay hoyos y corrientes y arenas movedizas. El nadador fuerte, que conoce la costa, puede aventurarse con relativa seguridad. El no nadador, que no toma consejo sino de sus propios impulsos, puede pagar su temeridad con su vida. Pero no debemos cometer el error de pensar que estas fuerzas invisibles son necesariamente malas y enemigas de la humanidad. No son más enemigas en sí mismas que lo son el agua o el fuego, pero son potentes. Si corremos en contra suya, el resultado es desastroso para nosotros, pues hemos violado una ley natural; pero no están para atacarnos, no más de lo que nosotros estamos para atacarlas. Debemos encarar el hecho, sin embargo, de que hombres y mujeres con conocimiento de estas cosas han usado, tanto en el pasado como en el presente, ese conocimiento sin escrúpulos, y que podemos vemos envueltos en los resultados de sus acciones.

Puede decirse con seguridad que el Invisible es sólo malo y enemigo de la humanidad cuando ha sido corrompido y pervertido por las actividades de estos hombres y estas mujeres sin escrúpulos, a los que los iniciados llaman adeptos del Sendero de la Izquierda.

Debemos considerar los signos externos y visibles de ataque psíquico antes de que estemos en posición de analizar la naturaleza de tales ataques e indicar su fuente de origen. Es una regla fundamental que el diagnóstico debe preceder al tratamiento. Hay muchas clases diferentes de ataques psíquicos, y los métodos de que se dispondrá contra uno serán inefectivos contra otro.

La forma más común de ataque psíquico es ése que procede de la mente ignorante o maligna de nuestros seres humanos compañeros. Decimos ignorante así como maligna, pues no todos los ataques son motivados deliberadamente; el daño puede ser tan accidental como el infligido por un coche de patines. Debe tenerse esto siempre presente, y no deberíamos imputar malicia o malignidad como una cuestión de hecho cuando sentimos que estamos siendo hechos las víctimas.

Nuestro perseguidor puede ser él mismo una víctima. No deberíamos acusar a un hombre de malicia si hemos estrechado nuestra mano con él y él ha pisado en un raíl electrificado. En cualquier caso, recibiremos de sus manos un severo choque.

Igual puede suceder con muchos ataques ocultos. La persona de quien emana puede no haberlo originado. Por lo tanto, nunca deberíamos responder al ataque con el ataque, bajándonos así al nivel moral de nuestros atacantes, sino que deberíamos apoyarnos en métodos más humanos, que son, en realidad, igual de efectivos y mucho menos peligrosos de manejar.

La gente entra también en contacto con el Invisible a través de la influencia de lugares. Alguien que no es realmente psíquico, pero que es lo suficientemente sensitivo para percibir las fuerzas invisibles subconscientemente, puede ir a un lugar en donde estén concentradas en elevada tensión. Normalmente, aunque nos movemos en medio de estas fuerzas (pues ellas sustentan nuestro universo), estamos abstraídos de ellas. Donde se concentran, sin embargo, a no ser que seamos de mente muy densa, empezamos a ser tenuemente conscientes de algo que nos está afectando y excitando nuestro ser subliminal.

Puede suceder que la barrera entre la conciencia y la subconsciencia sea densa en algunas personas y nunca sean capaces de realizar claramente lo que está sucediendo. Meramente tienen la sensación de opresión y malestar general, que se levantan cuando marchan a otro lugar. Consecuentemente, la condición nunca puede ser detectaba, y conduce a años de mala salud y miseria.

Más comúnmente, sin embargo, si hay un ataque psíquico definido de fuerza suficiente para hacerse notar, pronto empezarán a aparecer sueños característicos. Estos pueden incluir una sensación de peso sobre el pecho, como si alguien se estuviera arrodillando sobre el que duerme. Si la sensación de peso está presente, es seguro que el ataque emana localmente, pues el peso es debido a la concentración de substancia etérica o ectoplasma, y es suficientemente tangible para presionar hacia abajo el fiel de una balanza cuando es posible capturarlo para su medida. Se ha hecho una gran cantidad de investigación con médiums de materialización sobre la naturaleza de esta sustancia sutil tangible, y el lector es referido a los libros sobre los experimentos conducidos por Crawford en el Círculo Goligher en Belfast, y en París con Eva. G. por otros experimentadores, para información y evidencia posteriores sobre el tema. Puede señalarse que Crawford finalmente se suicidó sin razón conocida.

Una sensación de miedo y opresión es muy característica del ataque oculto, y uno de los signos más seguros que lo anuncian. Es extremadamente raro que un ataque se manifieste de la nada, como si fuera. No estamos en nuestro estado normal de mente, cuerpo y circunstancia, y entonces nos encontramos de repente en el medio de una batalla invisible. Una influencia oculta que se aproxima arroja su sombra en la conciencia antes de hacerse aparente al no psíquico. La razón de esto es que percibimos subconscientemente antes de realizar conscientemente, y una línea de sombra reptante indica la penetración del censor subconsciente de abajo a arriba.

Conforme el ataque progresa, la exhaustión nerviosa se vuelve crecidamente señalada, y puede haber, bajo ciertas condiciones que consideraremos después, tal desgaste de los tejidos que la víctima es reducida a una mera concha de piel y huesos sin sangre, tumbada en la cama, demasiado débil para moverse. Y sin embargo no puede demostrarse ninguna enfermedad definida.

Tal caso es un ejemplo extremo, procediendo sin freno a su conclusión lógica. Son posibles otros resultados, sin embargo. La resistencia puede ser buena, en cuyo caso el ataque es incapaz de conseguir un agarre sobre el plano físico, y es limitado a esa tierra fronteriza entre la materia y la mente que percibimos en el umbral del sueño. Esta es una experiencia muy terrible, pues la víctima tiene miedo de dormir y no puede mantenerse indefinidamente. Fatigada por el miedo y la faltade sueño, el derrumbamiento mental pronto sobreviene.

La exhaustión nerviosa y el derrumbamiento mental son los resultados más comunes del ataque astral entre la gente blanca, pues en Europa, en cualquier caso, no es frecuente que el atacante sea capaz de llevar el ataque a conclusión en la muerte de la víctima. Hay , sin embargo, registros de casos en los que la víctima había muerto de puro terror. La terrible historia de Kipling, El Fin del Pasaje, da un relato de tal suceso.

Extracto tomado del libro citado en “Fuentes”

Fuente:

Gentileza de Ana M.Lohle

LUIS CÁRCAMO, editor
San Raimundo, 58
MADRID-20

Título del original inglés: PSYCHIC SELF-DEFENCE
De la Edición Inglesa THE AQUARIANl PRESS
Primera edición en inglés 1930
Quinta edición 1952
Sexta edición 1957
Séptima edición 1959
Octava edición 1963
Novena edición 1966
Décima edición 1967
Undécima edición 1967
Duodécima edición 1970
Décimo TERCERA edición 1971
Décimo cuarta edición 1973
Décimo quinta edición 1974

Para la lengua española, Luis Cárcamo, editor
Primera edición 1979
Traducción del inglés de Manuel Algora Corbí
© Diseño de portada Carlos Corcull

Depósito Legal: M-27244-1979
I.S.B.N.: 84-85316-16-9
Impreso por L. Cárcamo
San Raimundo, 58
Madrid (20)

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