@solitalo

Tu nombre, sea Pedro, Juan o Diego, Petra, Juana o Santiaga, te acompaña por virtud de una computación tan exacta, que no se le compara la más excelente maquinaria IBM.

Antes de tú nacer, la esencia de tu trayectoria al través de las edades, entra con tu átomo Permanente al piquito inferior de tu corazón, y allí permanece hasta que tú vuelvas a dejar el envoltorio físico de este lado del velo, o sea en el Planeta Tierra. Una vez del lado “allá”, y mientras duermes “el sueño de los justos” que dura tal vez unas cuantas semanas (en términos terrenos) se hace un nuevo ajuste en tu Átomo Permanente. Se cataloga toda la experiencia que acabas de atravesar en esta última vida, se determina sabiamente. Lo que ha sido cantidad se resuelve en calidad; y cuando estés de nuevo despierto, comenzarás a estudiar, apreciar y reconocer tú mismo, lo bueno y lo malo de la forma en que te comportaste, y tú mismo pedirás reencarnar o no, para redimir, compensar y corregir tu conducta, así como también cobrar lo que tienes en merecimientos, ya que no pueden ser gozados sino en la materia.

Tu nombre es un archivo. Es una ficha que te marca. Que indica tu altura en el plano en que actúas. Tu mismo le inspiras tu nombre, o sea el nombre que mereces, a tu madre, cuando estás en su vientre, y es tu madre la única que tiene el deber y el derecho de anunciar el nombre que has de llevar. Por ningún motivo se debe permitir que el nombre de una criatura por nacer sea escogido por el padre, los abuelos, padrinos, familiares o amigos. Sólo la ma­dre sabe lo que el niño desea por derecho de conciencia.

Muchos casos de frustración, bloques sicológicos, torceduras de carácter etc., se registran porque el ego lucha contra una vibración enemiga a la suya, y que le produce el nombre que por deferencia a una tía, le han endosado para toda la vida.

Estudia tu nombre. Búscale el símbolo. Si no te simpatiza, cámbialo. No continúes luciendo una etiqueta falsa. No debes temer el disgusto o resentimiento que puedas causar a la persona por quien cargas un seudónimo errado. Recuerda que se trata de tu legítimo derecho y propiedad. Sentirás una gran liberación y una transformación instantánea en tu carácter cuando te reinstales en tu propio plano con tu propio nombre.

¡Cuántas personas sufren de mal humor, temores infundados, de timidez, de sensaciones de limitación y complejos de inferioridad, porque la vibración ajena del nombre que cargan, que oyen, que firman, que aceptan contra todo su instinto, está en perenne lucha contra la propia Verdad!

CARACAS, marzo de 1970.

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