@solitalo

Comentario

Afortunadamente he vivido mi infancia y mi juventud a contacto con la Naturaleza. 

Siempre he sentido esto como un gran regalo, pero sólo he reconocido toda la preciosidad cuando he iniciado mi Camino de crecimiento.

Desde pequeña he amado mucho la Naturaleza y he transcurrido tantos momentos en los prados, en los bosques, entre las flores, a lo largo de un hermoso arroyo. 

Sentía que la flor que miraba, el árbol sobre el cual me apoyaba, el agua con la cual jugaba, estaban vivos, los sentía como Criaturas, sentía que ellos conocían mi lenguaje y que ellos tenían su propio lenguaje, aunque si no lo comprendía. 

Sentía que entre ellos se hablaban que pertenecían a un gran mundo maravilloso, un mundo de Amor, de armonía, de alegría. 

Pasaba horas y horas a observar la labor incesante de las hormigas, los movimientos de tantos insectos pequeños que se descubren sentándose sobre un prado, hurgando entre la hierba. 

Me embelesaba observar la forma, los colores de las flores. 

Si miras una flor, ves que es bonita, coges su perfume, pero si la observas cuidadosamente entre los pétalos descubres que cada flor es una obra de arte perfecta, una pintura llena de matices en perfecta armonía. En aquel momento tienes la seguridad de que en alguna parte debe existir un gran ‘Artista’, un gran ‘Pintor’.

Cuando sentía estas emociones, salía desde lo más profundo de mi corazón una gran gratitud hacia ese ‘Artista’ maravilloso, ese ‘Pintor’ excepcional, que seguramente amaba su trabajo, sus pinturas. 

Entonces dirigía la mirada al cielo y pensaba que ese ‘Artista’ debería de estar allí arriba, en el cielo infinito y le manifestaba mi gratitud, mi alegría, mi Amor.

Miraba los árboles y en el tronco divisaba rasgos de rostros humanos, rostros extraños, cómicos, y sentía que aquel árbol era como una Criatura como yo, con todas las emociones que mi corazón sentía, con una gran sensibilidad. 

Estaba convencida que en su tronco existía un corazón que latía.

Descubría que ofrecía refugio a las pequeñas Criaturas que veía entrar en su tronco, que entre sus ramas había pequeños nidos donde moraban los pajaritos que volaba a su alrededor. 

Pensaba en el gran Amor que un árbol tiene, con el que sustenta otras pequeñas plantas como la yedra que se apoya en él y puede elevarse así hacia el cielo, vivir en la cima.

Cuando caminaba a lo largo del arroyo, podía divisar un mundo de maravillas: cascadas, pequeñas o grandes tinas naturales dónde sumergirse, bahías atractivas. Era diferente en cada apunto y en cada apunto me donaba una belleza única, hecha de árboles entrelazados, flores y piedras.

Era demasiado bonito para que pudiera permanecer sólo al margen.

Sentía que me llamaba… entonces me quitaba los zapatos, metía los pies descalzos dentro del agua, sentía que el arroyo me recibía y me acompañaba. 

Trepaba el arroyo escalando entre las piedras, agarrándome a sus orillas, aun cuando los canales fueran demasiado profundos, continuaba con alegría, con el entusiasmo de quien está viviendo una aventura.

Y en efecto me sentía una pequeña exploradora, que descubría todas aquellas cosas que sólo trepándome al arroyo se podían ver, invisibles para quién miraba desde sus orillas o desde lo alto.

Luego me sentaba junto a él, le agradecía por haberme recibido, acompañado, le agradecía por ser tan bonito, por tener tantas grutas, tantos canales mágicos dónde me refugiaba y que, según yo, nadie conocía, eran solo para mí.

Después de haberle manifestado mi gratitud, mi Amor, mi entusiasmo, lo escuchaba, sentía que le hablaba a mi corazón y me sentía feliz, aunque no comprendía qué cosas estaba susurrándome: era segura que me comprendía y que me donaba su Amor. 

Cuando veía pasar los pececillos, los llamaba, extendía la mano en la esperanza que se detuvieran a charlar un poco conmigo. Alguno rozaba mi mano y esto lo tomaba ya como un saludo, lo tomaba como un regalo. 

Un poco los envidiaba, porque podían entrar donde yo no lograba, y quizá que maravillas existían en aquellos lugares. Penaba que podrían existir quizá otras Criaturas que vivían bajo el agua, tal vez en aquellas grutas estaban sus casitas, como pequeñas aldeas…

Con la misma convicción sentía que en los bosques vivían Criaturas especiales. 

Imaginaba que jugasen a las escondidas conmigo, porque tenía la sensación que me estaban observando. 

Seguramente me estaban sonriendo, porque yo no las veía, mientras ellas podían verme…

Me gustaba mucho más pasar mi tiempo así, sola, en mi mundo mágico, que jugar con los otros niños, que se burlaban de mi cuando les contaba todas estas cosas. 

Cuando iba a la escuela en las ciudades vecinas, me hacían sentir diferente, porque habitaba en la colina, me hacían sentir inferior y se burlaban de mí. 

Esta situación por un cierto periodo me generaba una sensación de malestar y en esos momentos yo también hubiese querido habitar en la ciudad, para ser considerada como mis otros compañeros. 

Pero cuando volvía a casa e iba a visitar a mi amigo arroyo, transcurriendo allí mis domingos, comprendía la suerte que tenía de poder ir descalza por mi arroyo, de poder acostarme en el prado, de correr, de saludar a mis amigos los árboles, de vivir momentos hermosos en ese mundo maravilloso.

De niña lloraba a hurtadillas cuando veía cortar la hierba y las florecitas, sentía que sufrían y sabía que luego habrían muerto. Sufría por la hierba y las florecitas que la gente pisaba… 

Incluso hoy, naturalmente de manera diferente, siento un poco de tristeza cuando veo cortar la hierba, las flores y desearía poder caminar por los prados sin pisarlos…

En esa época pensaba que fantaseaba un poco mucho, que era realmente un poco diferente, porque mis compañeras pensaban a otras cosas, a otros juegos, a los chicos… 

Los Ángeles me han confirmado que mi mundo mágico no era la ilusión de una niña demasiado ingenua, sino que era una hermosa ‘Casa’, una maravillosa ‘Familia’, una gran ‘Escuela’ donde aprender cómo vivir la vida, cómo amar, cómo donar, cómo consagrarse.

Gracias Gran Luz por haberme regalado este mundo maravilloso que esta la Naturaleza.

Gracias Ángeles por haberme ayudado a descubrirla como una ‘Casa’, como una ‘Escuela’.

Gracias porque me acompañáis como una niña a jugar en este mundo mágico, en este mundo de Amor.

Pregunta:

¿Cómo puedo sentir la Naturaleza?

Respuesta:

“Juega con el agua, juega con las hojas, juega con las flores, juega con los árboles, hasta que tu corazón pueda alegrarse, el Alma sentirse libre, respirando la transformación de aquellos lugares, donde todo es nuevo siempre. 

Porque donde existen los árboles, el agua corre, las flores crecen, cada día es nuevo, porque existirá una nueva flor, porque no existirá más la flor de ayer, y porque el agua, corriendo, será cambiada. 

Y está allí la magia: todo parece igual, sin embargo todo continúa a cambiar. 

Observando todo esto, descubriendo todo esto con el corazón, no con los ojos, sino con el corazón, comprenderás la vida, de la vida la esencia, comprenderás el Antiguo, el porqué de este viaje, sentirás la vida.

Despertarás en ti una sensibilidad nueva, una sensitividad nueva, una percepción nueva, una intuición nueva, pero que ya existe dentro de ti. 

Y descubrirás, sentirás, conocerás, sin más necesidad de libros o palabras. 

En estos lugares, juega con las flores, con las hojas, con el agua, habla con los árboles, canta con los pajarillos, y luego deja entrar todo en ti, abriéndote completamente, escuchando atentamente. 

Y todo esto que vibra en estos lugares, todo esto que de Antiguo vuelve a vibrar en estos lugares, vibrará dentro de ti, te ayudará a una grande unión con el Antiguo, te empujará a lo nuevo, te ayudará a unirte a Nosotros, porque allí es más fácil sentirNos.

Y Nosotros allí vibraremos intensamente, intensamente, y Nos sentirás. 

Muchos ‘Corazones’ están preparados a este contacto con la Naturaleza, otros lo están menos, por su historia, pero siempre estos lugares pueden ser de gran ayuda.

Y siente el perfume de las flores, pero también del agua y del aire, porque incluso el agua y el aire tienen su perfume, y serán los perfumes a hacerte recordar, a hacer que salgan desde las profundidades tus bellezas.”

Pregunta:

¿Cómo puedo aprender de la Naturaleza?

Respuesta:

“Entre los arboles puedes descubrirte un árbol, como un árbol transformarte, como un árbol andar por el mundo, cuando como un árbol sabrás amar, como un árbol sabrás proteger, como un árbol sabrás recibir cada viajero. 

Vete al bosque y quédate allí, delante del mar quédate allí, y de estos siente la fuerza, siente Nuestra fuerza, siente su Amor y Nuestro Amor. 

Vete serena y serás un árbol fuerte. No temas, dirige tus ramas hacia el cielo y sonríe al cielo, así sentirás tu savia correr, Nuestra savia.

Observa los árboles para aprender a recibir y donar.

Acompaña a los bosques a la niña que hay en ti y haz que juegue con las hojas, haz que juegue con las flores, haz que hable con las flores y Yo, como una Niña te acompañaré allá. 

Mueve las hojas para descubrir lo que está naciendo debajo de ellas, lo que está brotando y también descubrirás qué está brotando en ti. 

Haz que juegue así tu Niña, para que se alegre en el descubrir, para que sienta en este juego las emociones que el descubrimiento regala. 

Y allí habla a tu Niña y como una Niña habla a las flores. 

Siente la alegría de este juego, la alegría de tener una Niña que juega con las flores, que habla con las flores. 

Te sentirás una mujer que puede enseñar a una Niña, pero también que sabe jugar como una Niña. 

Entonces te será todavía más fácil volver a ser Niña y en la tierra hundir tus manos, entre la hierba llevar tu rostro, hasta que se puedan despertar, con los perfumes de la hierba y de la tierra, recuerdos de unión con la Tierra, con el Cielo. 

Juega y haz jugar, acompaña a la Niña que existe dentro de ti y por Mi déjate acompañar. 

Sonríe y juega, con el agua, con las mariposas y con el agua aprenderás a fluir en la vida, con las mariposas dejarás volar tu corazón, tu Alma. 

Y siéntete Niña, mariposa, siéntete flor, agua, ama a la tierra, ama al cielo. 

Estos juegos parecen simples, pero no todos con facilidad en la tierra las manos hunden y el rostros entre la hierba llevan, no todos con el agua y con las flores saben jugar. 

Estos juegos te ayudarán a reencontrar la verdadera simplicidad, te ayudarán a saborear nutrientes nuevos, fuentes nuevas de alimentación, a convertirte como la tierra, como el árbol, como la flor, como el agua, como el cielo, entonces te unirás al Cielo, al Universo. 

Vete a los prados, a los bosques, a la orilla de un arroyo o cerca del mar para aprender como en una gran escuela. 

Muchas melodías alegrarán tu corazón, melodías y notas nuevas, porque allí no sólo los pájaros sentirás cantar. 

Para aprender y para alegrarse, vacía tu corazón, tenlo libre de todo lo que no es Amor, no es Luz, no es alegría.”

Pregunta:

Siento que ir a los bosques me ayuda a afrontar lo cotidiano.

Respuesta:

“Existen bosques que regeneran el corazón, nutren el Alma, refuerzan el cuerpo, bosques que llevan a reconectarse con la Esencia, a aprender el lenguaje del Alma. 

Existen además los ‘bosques’ que encuentras en la vida y estos son las situaciones difíciles, los acontecimientos dolorosos, los obstáculos, las pruebas.

Gracias a los bosques que te refuerzan, que te nutren, que te regeneran, que te ayudan a volverte una Niña especial que conoce el lenguaje del Alma, encuentras la fuerza para atravesar los ‘bosques’ que la vida lleva, ‘bosques’ dónde se pueden verter lágrimas, sentir temores, no ver la Luz. 

Ellos son grandes medios de crecimiento, de evolución, de preparación. He aquí porque os empujamos a ir. 

Podrás reforzarte abrazándote a un árbol que se está despertando a la llamada de la primavera y podrás sentirte un árbol que se está despertando a la grande primavera de tu vida.

Viviendo en medio de los bosques que la vida real expresa y la esencia de la vida manifiestan, tendrás más fuerza para vivir tu vida.”

Extracto del libro: Tu mano en la Mía
Autora: Satya
trabajadoresdelaluz.com.ar