@solitalo

Cuando un hombre, urgido por su propio ser interior, reconoce un Poder mayor que sí mismo y comienza a expresar gratitud a tal Poder, la religión se vuelve una realidad fundamental en su ser. Sus vehículos inferiores — particularmente el mental y el emocional — son curiosamente afectados por la experiencia, y cambia radicalmente la perspectiva entera de su vida. La humanidad, siendo la suma total de todos los individuos, no puede ser diferente a este respecto, y nunca ha habido una época en que los seres humanos, a modo colectivo, habiendo sentido tal experiencia, no hayan reconocido su dependencia en cuanto a dicho Poder superior. Hasta las razas más salvajes reconocen su dependencia y, según las luces que tengan, intentarán definir su relación a dicho Poder en términos de miedo, de sacrificio o de propiciación.

Es así que de la oscuridad de los tiempos han emergido las grandes religiones del mundo, las cuales, si bien diversas en culto, ceremonial y métodos de aplicación de la Verdad, no obstante están todas unidas en las partes vitales fundamentales: Que la vida y la existencia del hombre dependen de (y tienen su fuente en) ese Gran Poder; que este Poder lo creó todo — visible e invisible; y que, como tal, incumbe al hombre volver sus ojos hacia Él y — mediante la súplica, la oración o el decreto — pedir por sus necesidades. Estos han sido los postulados básicos de todas las grandes religiones del pasado, y la religión nueva — la Religión del Culto Ceremonial y la Libertad — no difiere de las primeras.

EMERGENCIA AL AZAR

Las grandes religiones no emergen “a tontas y a locas”, como tampoco surgen a instancias de los deseos del hombre. Cada una de éstas vienen cada dos mil años, siguiendo la secuencia ordenada puesta en marcha por la Ley Cósmica, que se mueve en ciclos gigantescos para alcanzar la totalidad de catorce mil años. Este es el tiempo asignado para completar la ronda de los Siete Rayos, cada Rayo comprendiendo dos mil años, y cada uno — según su influencia — afectando a la humanidad de forma diferente, ejemplos de los cuales tenemos en el vaivén impulsador ejercido por cada una de las religiones principales.

Vemos así que con el advenimiento de cada Rayo sobre la Tierra, aparece una nueva religión predominante, evolucionada por las Inteligencias que representan a la Deidad por la duración de dicho período. Esta religión está basada en las tendencias naturales de las corrientes de vida que habrán de ser el punto focal para el establecimiento y mantenimiento de la cultura espiritual de dicha época. Igualmente, el culto religioso está basado sobre la efusión beneficiosa específica que el Director o Chohán del Rayo vigente considera que es mejor para asistir a las inteligencias evolucionantes de dicho período.

Remontándonos para atrás en la historia a solo cuatro mil años, vemos al Judaísmo evolucionando dentro de la influencia del Quinto Rayo, mientras que su sucesor, el Cristianismo, al venir bajo el Sexto Rayo, retuvo algunas de las cualidades de su predecesor, aunque difería en muchos otros aspectos. De igual forma, la Nueva Religión — que apenas está entrando en el Séptimo Rayo, el Rayo Ceremonial — al tiempo que retiene mucho de las enseñanzas de la Cristiandad, diferirá de ésta en muchos aspectos, particularmente en el tipo de culto religioso que se convertirá en la actividad predominante de las masas en el futuro. Esta actividad, al tiempo que avanza con los años, y con la llegada a la Tierra de la gente de la Séptima Raza-Raíz (que es altamente evolucionada), será bien revolucionaria en comparación con sus predecesoras. Atestiguará a la confraternización de hombres, ángeles y elementales en una cooperación consciente, y que mano con mano caminarán juntos a lo largo del sendero de la evolución donde servirán juntos, construirán juntos el Reino del Cielo en la Tierra, y adorarán juntos en ceremoniales desconocidos al presente en este mundo tridimensional.

Tomado de “EL SERVICIO DE ZADKIEL” (PANAMÁ: SERAPIS BEY EDITORES, S.A. – 1995) pp. 66 y PREFACIO V – VI*)
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