@solitalo

La Naturaleza posee una capacidad intrínseca de equilibrarlo y armonizarlo todo de forma misericordiosa y consistente, por eso cuando los seres humanos se muestran descuidados o imprudentes, están interfiriendo el equilibrio universal, desafiando el orden sagrado y, al hacerlo así, provocan una lluvia torrencial de efectos que no sirven más que para ralentizar el devenir del destino de luz. 

Por ello, las precauciones excesivas no alteran el destino, y si estos descuidos o imprudencias afectan a los demás, es posible acelerar su ritmo de evolución y con ello forzarlos a que lo afronten sin estar preparados, de forma que ese daño provocado a los demás por el propio descuido, hace al inductor responsable del daño que ocasione; es decir, se ha sembrado una semilla dañina, que dará lugar a una cosecha enferma.

Sin embargo, si en lugar de ser descuidados, os volvéis solícitos por el bienestar de los demás, generaréis una fuerza útil que os protegerá de las inclemencias, para que todo quede equilibrado de acuerdo al plan de la Naturaleza, en lugar de ser precipitado fuera de tiempo.

Cada ser humano nace y renace como una entidad independiente y puede poner nuevas causas en marcha cuyos motivos pueden estar inspirados y venir definidos por sus principios superiores, o por sus deseos personales. 

Los impulsos desde el lado superior de la naturaleza de cada esencia provienen de su fuente espiritual, la cual es la fuente de toda vida, y esos impulsos son, necesariamente, de naturaleza altruista y deberían ser siempre los motivos de todas las acciones emprendidas, de manera que nunca habría lugar para la equivocación si se perseverase en ellos, por lo que dichas acciones serían útiles a los demás, y nunca dañinas para uno mismo. 

Así que, ya véis, la unidad y origen espirituales de todos los seres humanos, es la base para las enseñanzas conductuales que les fueron entregadas a los primeros moradores de la esfera por todos los Maestros de la Sabiduría Antigua del pasado.

Cuando no se hace a los demás lo que no gustaría que le hiciesen a uno, no se necesita pensar en las consecuencias que vendrán después, la propia Naturaleza y las futuras efusiones o vidas no serán afectadas por tragedias y desgracias. 

Por eso, cuando se obedece a los impulsos inferiores, se producen como resultado fricciones y desajustes que conducen, en muchos casos, a accidentes y desastres en el ahora y en el futuro. Así se construye el destino, y se atraen las tragedias, que tan amargamente repercuten en todos.

Angel Luis Fernández.

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