@solitalo

Surreal scenes, digital art by Christian Schloe - ego-alterego.com:

Los conceptos como ‘el alma’, ‘el ego’, ‘la personalidad’, ‘el niño interior’ y ‘la conciencia’ se utilizan a menudo en escritos esotéricos. Todos son parte importante de lo que constituye nuestra humanidad. ¿Pero cómo se relacionan ellos entre sí y que significan para nosotros en nuestra vida cotidiana? La psicología tradicional ofrece una diversidad de modelos de la personalidad humana. Lo que usualmente está ausente es la perspectiva espiritual. Desde mi punto de vista, en la base de la perspectiva espiritual está la idea de que nosotros como seres humanos somos, en parte, independientes del tiempo y del espacio, y que esta parte es crucial para un entendimiento apropiado de quienes somos. Me refiero a esta parte como el alma. No sólo tenemos un alma, que existe más allá del tiempo y del espacio, esta alma se manifiesta dentro del tiempo y del espacio en mucho más de una única vida humana: todos tenemos muchas vidas.

Yo creo que el concepto de la reencarnación es vital para la perspectiva espiritual también.

En este artículo propongo un modelo psicológico del ser humano desde una perspectiva espiritual y este modelo se basa en mi experiencia como hipnoterapeuta y en mi intuición interna, a medida que ésta ha evolucionado a lo largo de los años. Presentaré cada uno de los conceptos antes mencionados y describiré lo que siento que son sus características definitorias.

El Alma

Cuando percibimos el mundo que nos rodea con nuestros sentidos, todo parece manifestarse a sí mismo dentro del tiempo y del espacio. Cuando fui a la universidad hace unos 40 años a estudiar matemáticas, física y astronomía, concebí el universo como un espacio infinito fundamentalmente que contenía un número infinito de partículas. Sin embargo, también creía en la existencia del alma humana y de la reencarnación. Y no tenía claro cómo podía unir las leyes matemáticas fijas, causales del universo físico con el mundo interior de la mente: la conciencia, la subjetividad, la libertad. Para mí la teoría de la relatividad de Einstein fue una clave. Me enseñó que a nivel de la luz, no existen ni el tiempo ni el espacio, porque para la luz, solamente existe el eterno ahora. Para hacerlo más claro: si miramos a una estrella distante, decimos que el viaje de la luz de esa estrella a través del espacio para llegar a nosotros llevó muchos años. Pero en cuanto al rayo de luz propiamente, por así decirlo, no experimentaríamos el tiempo ni el espacio. Esto se debe a que al desplazarse a la velocidad de la luz, el tiempo y el espacio colapsan. La luz no viaja dentro del tiempo y el espacio, sino que configura nuestras propias percepciones del tiempo y el espacio.

La teoría de la relatividad ofrece el siguiente panorama del universo. La luz es una forma de energía. Toda energía existe en una condición sin tiempo ni espacio: el eterno ahora. Desde el nivel de energía pura, emerge la materia y conjuntamente con la materia, el tiempo y el espacio. Al igual que la luz en el universo físico es independiente del tiempo y del espacio, también hay una parte de nosotros que es independiente del tiempo y del espacio, independiente del cuerpo físico: esa parte es a lo que llamamos el alma.

Lo que significa el alma exactamente, está fuera de nuestra comprensión. Nuestro pensamiento se basa totalmente en la clasificación de las cosas en tiempo y espacio. También, nuestro lenguaje queda determinado por la distinción del pasado, presente y futuro. Pero el alma trasciende el tiempo y el espacio. El alma es como una estrella con muchos rayos. Y si uno de estos rayos toca nuestro mundo, nace un ser humano: una encarnación del alma. Parte de la luz de esa estrella está en nosotros: esto es lo bello y lo bueno en nosotros. A esto le llamamos nuestro yo superior, nuestra luz interior. Eventualmente expresaremos esta hermosa luz en la Tierra y enriqueceremos al mundo y a la humanidad con ella.

En cuanto comencemos a ser conscientes de esta luz interior – nuestra alma – entraremos en un proceso de crecimiento. Tenemos el sentimiento de que nos convertimos en más de nosotros mismos y a la vez, nos sentimos conectados más profundamente con el mundo, con la vida a nuestro alrededor y con el universo. La duda desaparece; gradualmente empezamos a comprender quienes somos y que hay un lugar único para nosotros en el universo. Entonces dejamos atrás el mundo de la oscuridad, la duda y el temor y experimentamos la luz eterna en nuestro interior. Es el alma la que da sentido a nuestras vidas.

Las personas a veces se preguntan cuál es el objetivo, el sentido de la vida. Debido a la forma en que se nos enseña, buscamos el propósito y el sentido fuera de nosotros mismos. Queremos lograr algo en la vida, hacer una carrera, crear algo significativo, encontrar una relación, o tener hijos. Pero el propósito verdadero de nuestras vidas es un propósito interno: permitir que la luz de nuestra alma fluya a través de nosotros completamente. Esta es la verdadera auto realización. Una vez que logremos esto, ya no preguntaremos cuál es el propósito de nuestras vidas; la búsqueda termina. Hay un conocimiento simple y obvio: hemos encontrado nuestro lugar en el universo. El camino no está fuera de nosotros, sino en nosotros: nosotros somos el camino. Al ser fieles a nosotros mismos, seguimos ese camino.

La Personalidad Terrenal

Al comienzo de nuestra vida humana, un rayo de luz toca la Tierra. La energía atemporal de nuestra alma se funde con un sinnúmero de otras energías y nace nuestra personalidad terrenal. Esa personalidad es única para cada persona. En vidas anteriores, tuvimos un temperamento, expectativas, temores diferentes, todo era diferente – excepto nuestra alma. El núcleo más profundo es siempre el mismo, pero las energías a su alrededor son diferentes. Como escribió el General Americano Patton en un poema:

Como a través de un cristal, y oscuro
Veo la lucha interminable
En la cual luché con muchos disfraces
Muchos nombres, pero siempre yo.

Es el alma la que nos proporciona el sentido de ser yo. Aun cuando participemos en una vida con una personalidad muy diferente, un género diferente – a veces hasta con un cuerpo no humano – igualmente podemos sentir que: ese era yo. Esto también se aplica a nuestra vida actual. Párense frente a un espejo y piensen en su niñez. Su cara ha envejecido, sus emociones y su conciencia han cambiado – pero aun así…..es ustedes. Sentimos profundamente, en el núcleo de nuestro ser, una identidad, un Yo que siempre ha estado aquí y que no cambia. Este Yo es independiente del tiempo y del espacio, no envejece con el cuerpo – lo que sentimos es nuestra alma.

Nuestra personalidad terrenal se puede comparar con un sistema solar: el núcleo – el sol – siempre es el mismo. Pero hay planetas que rotan alrededor del sol, y los planetas cambian continuamente su posición. La configuración de los planetas representa las energías que determinan nuestra personalidad, diferente a la del propio sol. ¿Cuáles son esas otras energías que determinan nuestra personalidad? Las principales son: nuestras vidas pasadas, nuestros padres, nuestro cuerpo y constitución genética, la sociedad en la que crecemos, la energía de la Tierra, y la energía de la humanidad en su conjunto. Ahora detallaré cada una de estas influencias.

– Nuestras vidas pasadas

Para comenzar están nuestras vidas pasadas. Y de esas vidas pasadas, la que es particularmente más importante es la vida que antecedió directamente a nuestra vida actual, usualmente ésta tiene una profunda influencia. La forma en que nuestras vidas pasadas nos afectan depende de cuánto de ellas hayamos integrado o liberado. Después de cada vida, cuando dejamos el cuerpo físico, comienza un proceso de crecimiento natural y hermoso. Gradualmente nos liberamos de nuestra personalidad terrenal, con todos sus temores, incertidumbres, hábitos y regresamos y nos reunimos con nuestra alma. Experimentamos esto como un proceso de crecimiento, convirtiéndonos en más de nosotros mismos. Nadie que supere sus temores dice: ‘ahora bien, he perdido algo importante’. Es lo irreal en nosotros lo que soltamos, dándole entrada a lo eterno. El temor da paso al amor, la ignorancia a la sabiduría. Tomamos de nuestra vida anterior lo que nos ha hecho crecer en amor y sabiduría.

Sin embargo este proceso de crecimiento natural y suave no ocurre siempre así. De hecho, muchas personas se aferran obstinadamente a su personalidad terrenal después de su muerte. Su ambiente astral en la vida futura reflejará su apego a la vida en la Tierra. Si tienen creencias religiosas muy definidas con respecto al cielo, se encontrarán con otras personas con las mismas creencias religiosas quienes tienen una visión similar del cielo. Ellas pueden insistir en que están en el lugar correcto y que cualquier impulso de dejarlo es incorrecto. De esta forma, se bloquea el crecimiento natural. El resultado es que muchas personas creen que están en el cielo, aunque se sientan inmensamente infelices ya que no escuchan las señales de su alma. También, las personas pueden estar tan compenetradas con las experiencias de su vida anterior que no pueden soltarlas.

El dolor, el trauma y la pérdida pueden haberlas abrumado o alternativamente, pueden haber tenido mucho éxito y haber sido muy felices y no están listos para liberar eso.

En resumen, para muchas personas, el proceso de crecimiento de liberación e integración de su vida pasada no está – o al menos no completamente – terminado cuando su alma entra a una nueva encarnación. Lo que sucede entonces es que ellas experimentan su renacimiento como una especie de cascada de luz que desciende del cielo a la Tierra que las absorbe. A veces ellas se abren a esto, pero a menudo también hay resistencia. En mi práctica, a veces encuentro esta resistencia a la vida en la Tierra cuando las personas entran en un estado de trance y vuelven a visitar el comienzo de su vida. Cuando les pregunto: “¿Cómo se sintieron al venir a la Tierra?”, ellas me dicen: “Me resistí, no quería venir verdaderamente, pero tuve que hacerlo”. Esa resistencia a la vida es a menudo el tema que persiste a lo largo de toda su vida y es la causa que les impide ser felices para disfrutarla.

Si le pido a mis clientes que observen cuidadosamente a quien pertenece esta resistencia – ¿quién se está resistiendo a la vida?, entonces ellos usualmente se refieren a la personalidad que tuvieron en su vida pasada más reciente. Yo trato de hacerlos sentir que también hay una parte de ellos que quiso estar aquí ahora. Esta parte, de hecho, representa al verdadero yo, a su alma. Cuando ellos se conectan con esta parte y la sienten, se elimina la resistencia.

Pero aun cuando no haya resistencia a la vida en alguien, si la personalidad de una vida pasada no fue capaz de conectarse y reunirse con el alma durante el período intermedio antes de un nuevo nacimiento, esta personalidad de esa vida pasada todavía vive en la personalidad actual. Como no pudo encontrar su camino de regreso al alma, en la vida presente también se interpondrá en el contacto con su alma.

– Nuestros padres

Nuestros padres son importantes en dos sentidos. Primeramente, ellos nos brindan nuestros primeros ejemplos de la energía masculina y femenina. A nivel de nuestra alma, el femenino y masculino son uno, pero en cuanto descendemos a la Tierra ocurre una división. Nuestros padres actúan como moldes: formamos nuestra energía femenina principalmente a partir de la imagen de nuestra madre y nuestra energía masculina a la imagen de nuestro padre. Si hay mucha falta de armonía entre nuestros padres, esto se reflejará en la forma en que manejamos las energías masculinas y femeninas dentro de nosotros mismos.

En segundo lugar, los temores y creencias de nuestros padres influyen muy profundamente en nosotros. Es por esto que es importante aprender a entender y a amar a nuestros padres, independientemente de sus errores. Ellos viven dentro de nosotros; energéticamente hablando ellos son parte de nosotros. Si estamos en conflicto con ellos, también estamos en conflicto con nosotros mismos. Por supuesto que esto no significa que tenemos que estar de acuerdo con ellos. Estamos en una relación correcta con ellos cuando comprendemos que somos los maestros de ellos. Cada niño tiene un hermoso regalo para sus padres y les ofrece a ellos algo nuevo.

– Nuestro cuerpo y su constitución genética

La influencia del cuerpo en la personalidad es enorme; el cuerpo limita y restringe la medida en la cual el alma puede fluir a través del mismo; la mayor parte de la energía del alma no se puede expresar a través del cuerpo. Ustedes son esencialmente mucho más de lo que alguna vez pudiesen ser en un cuerpo. El cuerpo hace que el alma se enfoque en un lugar y momento específicos y que ésta experimente la realidad en una forma única a través de ese lente. El cuerpo crea un fuerte sentido del aquí y el ahora.

En particular, el sistema nervioso del cuerpo es importante, mientras más rico y complejo el sistema nervioso, mejor se puede manifestar el alma. A través del sistema nervioso de un perro, el alma no puede expresarse a sí misma tanto como a través del sistema nervioso de un ser humano. Su sexo también tiene un gran impacto en su personalidad: en un cuerpo femenino es más fácil estar en contacto con su energía femenina que en un cuerpo masculino. Y finalmente no es difícil imaginar cuán formativo es el cuerpo si ustedes viven en un cuerpo malformado o crónicamente enfermo.

– La sociedad y la cultura en la que crecemos

Todos somos el producto del tiempo y de la sociedad en que crecemos. Por ejemplo, si leemos un libro o escuchamos música, entonces a veces sentimos inmediatamente que pertenece a un tiempo y cultura en particular. Cada era, cada cultura, tiene sus propias ideas, logros y atmósfera general. Al vivir dentro de ella, ustedes adoptan esta energía y la dan por sentado. Esto también se aplica por supuesto a nuestra propia era y cultura. Miramos al mundo a través del lente de los tiempos en que vivimos.

– La energía de la Tierra

Somos hijos de la Tierra, la Tierra es nuestra madre. Y al igual que una madre humana dejó una profunda influencia en nuestra personalidad, la Tierra también lo hace. Es probable que esto no sea obvio inmediatamente porque cada ser en la Tierra está muy familiarizado con esa influencia. También, como usualmente negamos el hecho de que la Tierra sea un ser vivo con una conciencia, no estamos conscientes de cómo ella conforma nuestro pensamiento y hechos como seres humanos.

Sin embargo la Tierra está en nosotros. Los astronautas que salen de la Tierra y la ven desde lejos, se vuelven profundamente conscientes de su conexión con ella. Posteriormente en sus vidas, muchos de ellos se comprometen con el destino de la Tierra.

– La energía de la humanidad

Somos seres humanos. Como terapeuta de regresiones, ocasionalmente me encuentro con clientes que recuerdan una vida en forma no humana, y usualmente es una sorpresa cuando se comprende cuán diferente es, cuán diferente se percibe el mundo cuando no somos humanos.

También, la humanidad como un todo es una; hay una gran conciencia grupal de la cual todos somos parte. Lo que experimenta y comprende una persona, afecta a todos. Al nivel interno, estamos conectados con todos nuestros semejantes. La energía de esta conciencia grupal afecta nuestra personalidad y es la que nos hace típicamente humanos.

El Niño Interior

En adición a los aspectos externos antes mencionados, hay un aspecto interno que hace una contribución importante a nuestra personalidad adulta: el niño interior. Cada humano adulto ha sido niño alguna vez. Cuán profundamente la niñez nos afecta lo muestra la literatura. Los sentimientos y eventos de nuestra juventud son una fuente inagotable de inspiración para muchos escritores. En el mundo exterior, el niño o niña que una vez ustedes fueron, se ha ido completamente; el cuerpo cambia constantemente. Cuando miro una foto mía como niño, entonces veo una cara muy diferente de la que veo en el espejo. Pero en mi mundo interior las cosas son diferentes: el niño pequeño que fui está todavía ahí. No solamente a través de mis recuerdos, sino también en la forma en que siento y miro al mundo – en mi mundo interno, él está vivo todavía.

Nuestro mundo interior es atemporal; el niño interior conserva una parte muy pura y auténtica de nosotros, que se reveló a sí misma en nuestra niñez. En la niñez temprana todavía estamos conectados con nuestra alma y todavía nuestra psiquis no está bajo la influencia de las fuerzas externas de los padres, la sociedad, etc. Al crecer, nuestra percepción se moldea y configura mediante estos aspectos, convirtiéndonos en adultos que se sienten menos conectados con nuestro origen, nuestra alma. Sin embargo, el niño que se ha ido del mundo exterior vive dentro de nosotros: este es nuestro niño interior.

Psicológicamente el niño interior es la Fuente de alegría en nuestra vida, la capacidad para sentirnos inspirados y felices en una forma despreocupada, estar presentes en el ahora y disfrutar de las cosas. Desafortunadamente, muchos hemos sufrido experiencias dolorosas o traumáticas en nuestra juventud a menudo, sin ser conscientes de ello. Y debido a que el tiempo no existe en nuestro mundo interior, todo lo que han experimentado como traumático en su niñez todavía sigue siendo una experiencia dolorosa para su niño interior. Muchas personas por tanto se enfrentan con un niño interior dañado, sin darse cuenta de ello y como consecuencia, el niño no puede cumplir con su función natural.

La buena noticia radica en que podemos sanar a nuestro niño interior. El primer paso es hacernos conscientes del trauma emocional que ha sufrido nuestro niño. Los mayores entre nosotros hemos crecido en un mundo en el cual los niños eran objetos para ser educados, y su propia identidad no se tomaba en cuenta seriamente. Como adultos pueden ver como algo normal e importante que un niño vaya a la escuela, pero el niño en ustedes se siente traumatizado al estar enjaulado en un edificio, teniendo que obedecer órdenes y aprender cosas que él no pidió, sin haber hecho nada malo. Para sentir lo que hemos experimentado como niños debemos estar preparados para quitarnos nuestros lentes adultos para enfrentar a ese niño interior completamente. Como adultos podemos entender y perdonar el comportamiento de nuestros padres – ¿pero, puede hacerlo el niño que está en nuestro interior?

En mi experiencia, esta mirada honesta y desinhibida a tu propio niño interior es la que tiene un tremendo efecto sanador. Aun cuando no elimine el dolor de momento, el niño se siente reconocido y tomado en serio. El niño siente que se le permite ser su yo natural. Esto crea el espacio para la sanación.

En cierta literatura el niño interior se considera que es nuestro ego. Desde esta visión, la gente con un gran ego son personas que no son capaces de controlar o esconder su niño interior. En mi opinión sin embargo, no es así. Pero antes de explicar qué es el ego, tengo que explicar algo más: la propia conciencia

La Conciencia

Cuando dije que el inicio de nuestra vida física es como un rayo de luz que viene de nuestra alma y toca la Tierra, estaba describiendo este evento desde el exterior. Pero al igual que un rayo de luz en el universo físico, visto desde el interior, nunca deja la estrella, cuando encarnamos nunca dejamos nuestra alma: es un cambio de conciencia. Nuestra conciencia se enfoca en un cuerpo de 3D con cinco sentidos y un cerebro humano.

Pero la conciencia, ¿qué es realmente? Es un concepto muy difícil de definir – o imposible de definir. La razón es que la conciencia está en la base de todo; todo lo que pensamos, hacemos y somos se basa en la conciencia. Los científicos, que tratan de explicar la conciencia en términos de algo no-consciente, tal como las células cerebrales y los mecanismos biológicos, a veces parecen olvidar que el propio conocimiento científico se basa en la conciencia. Adicionalmente, la propia ciencia, mediante la mecánica cuántica, nos dice que las partículas elementales de la física solamente vienen a la existencia (tienen una ubicación fija en tiempo y espacio) si son observadas por el que percibe. Y para que la percepción ocurra, la conciencia debe estar ahí ya. Así por una parte, los científicos buscan la forma de explicar la conciencia como un producto de las leyes materiales y las partículas, pero por otra parte, esas mismas leyes y partículas presuponen la conciencia para empezar.

La conciencia es un gran misterio: sin conciencia – nada.

No obstante, intentaré capturar algunas de las características principales de la conciencia. Cuando voy a mi interior, enfocándome en lo que estoy experimentando subjetivamente, hay de hecho un conjunto de experiencias: colores, sonidos, sentimientos, pensamientos, etc. Sin la conciencia no tendría estas experiencias. Por tanto, la conciencia es ante todo algo que hace posible esas experiencias: la conciencia es un espacio interior donde tienen lugar las experiencias.

Pero eso no es todo: todas esas experiencias están interconectadas dentro de mi cabeza. Cuando hablo con alguien, entonces veo a esa persona y escucho a esa persona. Las experiencias visuales y auditivas se conectan internamente de una forma u otra y de conjunto crean la experiencia de múltiples capas de la interacción con la otra persona que tengo ante mí.

A la vez, la conciencia es capaz de enfocarse activamente, permitiéndome colocar mi atención en algo en particular. Puedo estar totalmente absorto en mi trabajo o en un filme, o puedo elegir estar completamente presente en una parte específica de mi cuerpo cuando estoy meditando. Cuando salgo a caminar, mi conciencia puede hasta dejar mi cuerpo completamente a medida que mis pensamientos divagan. Cuando un vehículo da un bocinazo de repente, regreso al presente con un shock.

Esta capacidad para enfocarse puede adoptar una forma más extrema. El enfoque puede ser tan intenso que yo me identifico con algo totalmente: me fundo con ello y comienzo a pensar que yo soy ello. A lo que llamamos encarnación es, desde el punto de vista del alma, un momento en el cual la conciencia se va a identificar con una personalidad terrenal. Ella piensa que es esa persona y que no hay nada fuera de la misma.

La mayoría de nuestros problemas en la vida surgen porque nos identificamos fuertemente con algo que no somos. En el momento en que elegimos identificarnos con quien realmente somos – nuestra alma – descubrimos que la mayoría de nuestros problemas son imaginarios.

La capacidad para identificarnos con algo es una característica de nuestra conciencia. Y si me identifico con mi personalidad terrenal, nace el ego.

El Ego

¿Qué es el ego? Cuando decimos que alguien tiene un ‘gran ego’ usualmente queremos señalar que ellos piensan que son muy importantes, hasta superiores, y no lo esconden de nadie, y este último (nadie) generalmente se molesta. Si ellos se consideran tan importantes, muy bien, pero es cuando lo muestran abiertamente que nos molestamos. Hay por supuesto, algo paradójico con respecto a esta actitud: si alguien actúa como si fuese muy importante, ellos aparentemente no nos consideran importantes a nosotros – y eso hiere a nuestro ego. Así que verdaderamente nosotros también nos consideramos muy importantes también, sólo que somos lo suficientemente ‘civilizados’ para esconderlo. Pensamos que esto es correcto moralmente. Después de todo, ustedes necesitan pensar en los demás, y no centrarse en sí mismos; ser modestos como dice el refrán. Pero si alguien no lo hace, y se reafirma a sí mismo descaradamente, ¿no nos ponemos celosos? Los celos son también parte del ego.

En otras palabras, todos tenemos un ego. Si realmente no tuviéramos ese ego, no nos molestarían los egos de los demás.

¿Pero, qué es exactamente el ego? El ego no es una cosa, sino una medida. Como he dicho, nuestra conciencia tiene la capacidad de enfocarse en cualquier sitio. Desde una perspectiva espiritual, nacer significa un cambio en el enfoque de la conciencia del alma hacia la personalidad terrenal. Y en algunos casos, ese cambio es tan radical que la conciencia piensa que la personalidad terrenal es todo lo que hay. Entonces la personalidad se convierte en algo extremadamente importante. A esto se le llama tener un gran ego. ¿Así que, qué es el ego? El ego es la medida en la cual la conciencia se identifica con la personalidad terrenal.

Finalmente, Amor

¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué encarnamos como un ser humano y nos perdemos totalmente en una personalidad terrenal? ¿Por qué dejamos la atmósfera de luz y amor y enfrentamos los desafíos de la dualidad en la Tierra?

La respuesta más profunda a esta pregunta es el amor. Desde el amor entramos a un área donde no hay amor; el objetivo final es llevar luz y amor ahí también. Este salto a la oscuridad es finalmente un acto de amor.

Cuando aterrizamos aquí, inicialmente nos identificamos completamente con una personalidad en específico. Experimentamos el universo a nuestra manera única; no hay espacio para una perspectiva diferente. El mundo es visto a través de los ojos de la dualidad: somos nosotros contra ellos.

Pero a medida que la conciencia evoluciona a lo largo de muchas vidas, el alma gradualmente será recordada y la dualidad trascendida. Emergen nuevas ideas: ama a tu enemigo, respeta a las personas con otras creencias religiosas, aprecia la belleza de la naturaleza y comprende que todos como humanos, somos parte de la naturaleza. Finalmente, hay un pleno entendimiento: el amor incondicional por uno mismo, por el ser humano que ustedes son ahora – y subsiguientemente por el mundo que les rodea. Después de muchas vidas, se logra el objetivo: el área oscura comienza a llenarse de luz y de amor; se secan las lágrimas.

Quisiera decir entonces, que el amor es la parte final de la personalidad humana. Tanto en las ciencias naturales y en la psicología, las causas de las cosas se explican a menudo de forma mecánica y materialista. Creo que todo lo que existe es creado al final desde el amor. El amor es la conexión entre el uno (el Espíritu) y los muchos (la Creación), entre el alma y la personalidad humana. Y ese amor original está presente dentro de nosotros como una fuente inextinguible. Como seres humanos, solamente si somos conscientes de esta fuente, seremos completos.

Gerrit Gielen
http://www.jeshua.net
Traducción: Fara González

Anuncios