@solitalo

Jon-Lock [Deviantart]:

Todos nos sentimos solos. Es algo inherente al ser humano. Es también una de las razones principales por las que hemos venido aquí: para experimentar, entre otras cosas, la soledad.

Despertar significa SERVIR, y servir significa AMAR. Estar en soledad significa amarse a sí mismo para poder servir, para poder despertar, para poder alimentar aún más el profundo amor que profesamos por la Humanidad.

La sensación del que despierta cuando está en sus momentos de soledad es bidireccional. Por un lado queremos huir, acogernos al grupo, a la masa, desidentificarnos de aquello que cada vez más sentimos SER para identificarnos con aquello a lo que estamos acostumbrados. Por otro lado, queremos, o más bien SABEMOS, que el camino del maestro de sus emociones, del ALQUIMISTA que todos llevamos dentro, es el de ponernos a prueba en SOLEDAD, para experimentar en nuestras propias carnes la desolación y la desdicha, y trascenderlas desde la COMPASIÓN POR UNO MISMO y la ACEPTACIÓN DEL MOMENTO PRESENTE.

Nadie nos dijo que este proceso, despertar nuestra consciencia, fuera tan difícil. Por momentos nos sentimos engañados, e incluso autoengañados (casi más de esto que de lo otro), pero también comprendemos el valor de base de LA EXPERIENCIA DE CRECER Y EXPANDIRNOS EN SOLEDAD, donde podemos escucharnos mejor, donde dejamos la careta a un lado y empezamos un viaje de autodescubrimiento desde la VERDAD, donde por fin somos HONESTOS con nosotros mismos y podemos brindar al mundo una nueva forma de AMAR, la del ser que AGRADECE su lugar en el mundo para, desde ahí, poder transformarlo en algo cada vez más bello.

Si antes, cuando vivíamos dormidos, necesitábamos de gentes y entornos acogedores para no sentirnos solos… ahora, cuando despertamos, necesitamos un lugar tranquilo en la mente y el corazón para recargar pilas y poder brindar al mundo la mejor versión de nosotros mismos. Lo habitual es que este lugar esté propiciado por, lo habéis adivinado, ausencia de gentes y de entornos que, cada vez más, nos resultan molestos en vez de acogedores. Encontramos, por lo tanto, un recogimiento natural en la soledad de un parque, de una caminata, de un momento tranquilos y a solas en nuestra habitación favorita de la casa…

El caso es que nuestro proceso es un proceso de aumento de la INTUICIÓN, que nos lleva a hacer más caso a los designios de nuestro corazón. Y el corazón cada vez nos recuerda más la naturaleza divina de la que estamos hechos, el cosmos que habita en cada una de nuestras células. Esa pulsación electromagnética tiende hacia la soledad, pues es ahí donde el ruido de la dualidad se hace más presente y es a la vez totalmente inexistente. Una paradoja, diríais. Pero absolutamente necesaria, pues nos estamos enseñando a nosotros mismos a encarar al monstruo de las emociones “negativas”, cuyo rugido reverbera en las paredes de nuestra soledad para poder entenderlo y transmutarlo en la famosa PAZ INTERIOR, cuyo eco -oh, sorpresa!- también reverbera en las mismas paredes. Mediante la soledad nos enseñamos a enfocarnos en el ESPECTRO DE POSIBILIDADES QUE NOS HACEN MÁS FELICES.

Y a santo de qué tanta prosa para explicar algo tan sencillo como que “la soledad es una gran maestra”? Pues a santo de que a veces, demasiadas, se nos olvida.

Pero yo te lo recuerdo. Soy alguien que repite muchas veces la frase “no estás sol@”. No es casualidad. Lo hago porque me he encontrado muchas veces perdido en mi propia soledad luchando contra monstruos que rugían de manera ensordecedora… hasta que comprendí que podían ser escuchados. Cuando lo hice, se convirtieron en la amistad más preciada que un buscador de la VERDAD como nosotros puede encontrar: AMOR PROPIO.

No estás sol@, te tienes a ti. Y tú eres yo, y todas las cosas. No estás sol@. Nunca lo estuviste. Nunca lo estarás. La soledad ES UNA ILUSIÓN, que no es buena ni mala, o lo que es lo mismo, que es lo buena o mala que tu ENFOQUE quiera CREER.

De alguien que se ha sentido trágicamente solo muchas veces, recibe este mensaje: AMA TU SOLEDAD Y NO TE SENTIRÁS SOL@ NUNCA MÁS.

Miguel Catarecho
almadespierta.com

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