@solitalo


Tú mism@ te proteges de la lluvia. No necesitas a nadie. Necesitas un paraguas, sí. Pero el paraguas lo llevas tú… Tu paraguas es tu herramienta, como lo son tus habilidades para transmutar tus emociones y protegerte de tanto estímulo externo que no hace nada más que obstruirte la vista.

Si me pusiera quisquilloso, te diría que ni siquiera te tienes que “proteger” de nada. Tan sólo tienes que crear un espacio dentro de ti en donde no exista esa lluvia de la que tanto te proteges. Y no existiría porque en ese espacio esa lluvia NO LA PIENSAS, literalmente.

Así que sí, me voy a poner quisquilloso, porque quiero que entiendas que existir aquí en este mundo significa desenvolverse entre estados de consciencia. Y los estados de consciencia SON ESPACIOS QUE CADA UNO CREA DONDE EXISTE AQUELLO QUE CADA UNO CREA. Y esto, amigos y amigas, es ser un maestro de nuestra propia realidad.

Me voy a poner quisquilloso y darte 3 claves que te dirán que eres un/a maestro/a:

1. DECIDES CADA DÍA. Tu poder de decisión puede estar delimitado o no por tus creencias, pero lo que es seguro es que decides. Algunos dirán que deciden por ti, otros te verán como un auténtico líder… Eso nos da igual. Lo que nos debería importar es que mantenemos una plática con nosotros mismos sobre lo que creemos que es mejor para nosotros mismos, y entonces decidimos. A lo mejor nos aseguramos de que seguimos las enseñanzas de nuestros padres, o lo mismo nos creemos que somos libres como una paloma… pero el caso es que todas y cada una de nuestras decisiones tienen consecuencias, y el lidiar con las consecuencias lo hacemos también todos. Lidiar con las consecuencias se llama RESPONSABILIZARSE. A lo mejor crees también que hay gente que no se responsabiliza, pero la decisión de ignorar o rechazar las consecuencias es también una gran maestra digna de un gran maestro, PORQUE VUELVE A TRAER MÁS CONSECUENCIAS… HASTA QUE APRENDAS LO QUE ESTÁS TRATANDO DE ENSEÑARTE A TI MISM@. Lo véis? Resuta que, aunque no queráis, aunque no lo sepáis, aunque no lo aceptéis, el hecho de decidir -y siempre estamos decidiendo- nos convierte en maestros. Primero, de nosotros mismos, y segundo, de los demás, pues nuestras decisiones con nuestras consecuencias afectan al prójimo. Y si esto no lo ves, es que es tu decisión de MAESTRO de enseñarte de la forma que mejor te conviene, hasta que lo veas. O quizás no lo veas nunca, y es tu decisión de MAESTRO de enseñarte a ti y a los demás que has sido capaz de crear un espacio donde NO HAS PENSADO QUE TUS DECISIONES TIENEN CONSECUENCIAS, Y POR TANTO, NO ERES RESPONSABLE NUNCA DE NADA. Yo aún no he visto ese mundo, así que si lo consigues, enséñamelo -sin cachondeo, me encantaría verlo-.

2. TIENES MOMENTOS “LO SABÍA…”. Son momentos en los que corroboras aquello que ya sabías. Después de recibir una enseñanza, una lección, una palmadita en el hombro, un tortazo de realidad… existe un milisegundo en el que dices “lo sabía”. Eso, ni más ni menos certifica la existencia de algo más allá de lo que crees ser con todos sus límites. Certifica MUCHAS MÁS VECES DE LAS QUE NOS GUSTARÍA que tú, con todo el bagaje que llevas a tus espaldas -con tu infancia y adolescencia palpitando, tu madurez latiendo, tu poder y confianza en ti mismo direccionando tu vida-, has hecho o decidido algo que iba en la dirección opuesta a lo que creías saber. Es decir, que todo ese bagaje no te ha servido de nada para evitar una lección dolorosa. Mientras que en el caso en el que el resultado hubiera sido satisfactorio, el “lo sabía” te confirma esa extraña sensación que tenías de que TODO IBA A SALIR COMO ESPERABAS. A lo que voy es a esto: si te dices “lo sabía” es que lo sabías. Si no te has sabido escuchar, eso ya es cosa tuya. Pero lo sabías. Y si has seguido tu instinto y te ha salido bien la cosa, olé tú, porque lo sabías. Y yo veo a un maestro como ALGUIEN QUE SABE. Y tú sabes. De hecho, sabes siempre. Más allá de condicionamientos o creencias limitantes que pueden hacer que tus decisiones te salgan rana. Más allá de la lógica y de la planificación que hagan que las cosas te hayan salido a las mil maravillas. Estoy hablando de una cosa, como decía más arriba, que va más allá de tu bagaje experiencial. Un maestro o maestra sabe, porque tiene INTUICIÓN. Aunque imagino que ya sabías que te estaba hablando de esto, no?

3. GOZAS Y SUFRES. Sí, sí, has leído bien. Un MAESTRO goza porque viene a este mundo con lecciones bien aprendidas -o que requieren algo de práctica- que enseña a otros… y no hay nada más gozoso que enseñar lo que uno sabe, verdad? Ya puedes ser alguien catalogad@ como “superficial” o como “profund@”, que en cuanto explicas aquello que sabes, gozas con ello. Te gusta por el mero hecho de hablar de eso que sabes, recrearte en tu explicación y asegurarte que el que recibe tu información está entendiéndola lo mejor posible. En definitiva, vienes con UN PROPÓSITO RELACIONADO CON SERVIR AL OTRO.

Y aquello que quieres enseñar, aquello que sabes y con lo que te recreas y pierdes la noción del tiempo, es eso que llaman PASIÓN… Un MAESTRO ES APASIONADO, o lo que es lo mismo, FELIZ, o has visto a alguien transmitiendo su saber sin transmitir a la vez felicidad?… Pero, y por qué sufres? Por lo mismo. Por no hacerte entender, por no conseguir que tu saber llegue al otro, por no atreverte a sacar hacia fuera el PROPÓSITO PARA EL QUE HAS VENIDO AQUÍ, que es el de servir mediante tu PASIÓN…

Y he aquí una cosa curiosa: un maestro muchas veces no sabe que estaba sufriendo hasta que descubre su pasión y la brinda al mundo. A veces el sufrimiento viene velado de resignación o conformismo y es difícil de identificar, pero cuando uno encuentra -o desempolva, debería decir- su pasión, se da cuenta, por un simple juego de opuestos, de lo mucho que andaba sufriendo, por el hecho de que ahora goza como un niño cuando antes simplemente no. En esos momentos uno puede llegar a tener EL MOMENTO “LO SABÍA” MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA. Porque sabía que eso era lo que había venido a hacer a este mundo. Y aunque lo sabía, estaba sepultando su INTUICIÓN bajo un manto de condicionamientos.

EN CONCLUSIÓN: eres maestr@ porque decides, porque tienes momentos “lo sabía”, porque gozas y sufres por brindar o no tu pasión al mundo… Se podría decir que para mí todos somos maestros? Sí. Eso es lo que creo, lo que veo cada día y lo que experimento y siento en lo más profundo de mi corazón. Además, no hay que ser muy inteligente o listo para extraer aprendizajes de todo y de todos. Tan sólo hay que ser observador. Y humilde. Porque el maestro, ante todo, ES APRENDIZ.

Saludos, amig@s. Nos vemos en otra…

Miguel Catarecha.
almadespierta.com

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