@solitalo

Un caminante iba camino de Zaad, y encontró un hombre que vivía en un pueblo vecino. El caminante, señalando una gran extensión de tierra, preguntó al hombre: 

– No es este el campo de batalla donde el rey Ahlam venció a sus enemigos? 

Y el hombre respondió:
– Nunca ha sido campo de batalla. Hace muchos años, sobre esta tierra, se levantaba la gran ciudad de Zaad, que luego se incendió hasta que no quedaron más que cenizas. Pero ahora es una buena tierra.
Y el caminante y el hombre se separaron. Medio kilómetro más allá el caminante encontró otro hombre, y señalando la extensión de tierra dijo: 

– “Así que allí es donde, hace mucho tiempo, existió la ciudad de Zaad. 

Y el hombre contestó:
Nunca ha existido ninguna ciudad en este campo. Lo que hubo fue un convento, destruido por los pueblos del Sur. 

Un poco más allá, siguiendo el mismo camino, el caminante encontró otro hombre y, señalando la llanura, dijo: 

– Es cierto que en este lugar hubo un gran convento? 

Pero el hombre respondió:
– Nunca ha habido monasterios, por aquí, pero según nuestros padres y nuestros antepasados, sobre este campo cayó una vez un meteorito. 

El caminante continuó su camino, admirado en su interior. Y encontró un hombre muy viejo y, después de saludarlo, le dijo:

– Señor, viniendo por este camino me he encontrado con tres hombres de la zona. A los tres les he preguntado la historia de esta tierra, y cada uno de ellos me ha negado lo que me habían dicho los anteriores y, a su vez, me contaba otra historia. 

El anciano levantó la cabeza y respondió: 

– Amigo mío, cada uno de los tres te dijeron la verdad sobre lo que pasó, pero somos muy pocos los que podemos añadir nuestras afirmaciones a las afirmaciones de los demás y construir así una única verdad.

Gibran Kahlil Gibran
El profeta, el loco y el vagabundo

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