@solitalo

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A menudo las personas exageran, y olvidan que las ideas poseen su propia vitalidad. Estas personas crean divisiones donde básicamente no hay ninguna. Consideran las ideas como propiedades completamente mentales, separadas de su concepto del cuerpo. Creen que las ideas residen en su cabeza. ¿Quién, por ejemplo, se imagina que una idea está viva en su codo, en la rodilla, o en el dedo del pie?

Por lo general, las personas creen que las ideas tienen poco que ver con la carne viva. La carne parece física y las ideas no. Aquellos más propensos a amar el intelecto trazan a menudo una separación innecesaria entre el mundo de los conceptos y el de la carne.

Si bien es cierto que el cuerpo es la materialización viva de una idea, también es verdad que estas ideas forman un cuerpo vivo, activo y con capacidad de reacción. El cuerpo no es meramente una herramienta para ser utilizada, no es “tan sólo” un vehículo del espíritu: es el espíritu en la carne. Vosotros imponéis vuestras ideas en él y afectáis en buena medida su salud y bienestar a través de vuestras creencias conscientes. Pero el cuerpo está compuesto de átomos y moléculas “vivas, que reaccionan”. Tienen sus propias conciencias vivas en la materia, su impulso para existir y mantenerse dentro del marco de su propia naturaleza. Componen las células, y éstas se combinan para formar los órganos. Los órganos poseen las conciencias conjuntas de cada una de las células que los componen, y a su manera perciben su propia identidad.

Tienen un propósito: la función que cumplen dentro del organismo en conjunto. Esta cooperación de conciencias lleva a una conciencia corporal que es vital, que se esfuerza por mantener su equilibrio y salud.

Así pues, la materia del cuerpo no debería considerarse como un “resultado” metafísico, sino como una Gestalt viva de carne con capacidad de reacción. En otras palabras, vuestro cuerpo está compuesto de otras criaturas vivas. Si bien vosotros organizáis este material vivo, posee su derecho propio a la satisfacción y la existencia. No sois un alma encerrada en arcilla inerte.

La «casa de arcilla» no se deteriora inmediatamente cuando la abandonáis. Se desintegra a su propio ritmo. Deja de estar organizada dentro de vuestro dominio, y la vida de sus átomos, moléculas y células se traslada a otras formas naturales vivas. Vuestra percepción es meramente aquella de la que sois conscientes. Incluso los átomos y las moléculas poseen su propia visión sutil y aprecian su entorno a su manera. El mismo poder que mueve vuestra mente forma vuestro cuerpo.

No existe ninguna diferencia entre la energía que moldea vuestras ideas y la energía que hace crecer una flor, o la que os cicatriza un dedo si os quemáis. El alma no existe como entidad separada de la naturaleza. No se arroja a la naturaleza. La naturaleza es el alma hecha carne, en cualquiera de sus materializaciones. La carne es tan espiritual como el alma, y el alma es tan natural como la carne. Tal como lo entendéis, el cuerpo es el alma en vida. Ahora bien, el alma puede vivir -y lo hace- en muchas formas, algunas físicas y otras no; pero mientras sois materiales, el cuerpo es el alma en vida. El cuerpo se cura a sí mismo constantemente, lo que significa que el alma en la carne se cura a sí misma. A menudo el cuerpo está más cerca del alma que la mente, porque crece automáticamente como lo hace una flor, confiando en su naturaleza.

SESIÓN 631, 18 DE DICIEMBRE DE 1972 21.37 LUNES

La existencia física es valiosa por muchas razones; una de ellas es que la carne responde al pensamiento y es a la vez muy resistente. Gracias a ciertas pautas innatas, aunque la conciencia del cuerpo capte vuestras imágenes negativas, también luchará automáticamente contra ellas.

Debéis recordar que vivís en un entorno natural, lo que significa que vuestros pensamientos son tan naturales, digamos, como los rizos del pelo. En lo que quizás os parezca una extraña analogía, compararé vuestros pensamientos con los virus,* ya que están vivos y siempre presentes, reaccionan, y poseen su propia clase de movilidad. Desde el punto de vista físico, al menos, los pensamientos se propulsan químicamente y viajan por todo el cuerpo, tal como hacen los virus por vuestra forma temporal.

Los pensamientos interactúan con el cuerpo y se convierten en parte de él al igual que lo hacen los virus. Algunos virus poseen gran valor terapéutico, y en ocasiones el cuerpo físico les permite entrar porque sabe que contrarrestarán a otros que no son beneficiosos en ese momento.

Los así llamados virus dañinos siempre están presentes dentro del cuerpo. Muy raramente sois vulnerables a ellos excepto en una pequeña proporción, a pesar de que en el interior albergáis en todo momento vestigios de los virus más mortales. Los propios virus sufren transformaciones completamente insospechadas por los médicos. Si un virus desaparece y se descubre otro, nunca se sospecha que el primero pudo haberse transformado en el segundo; y, no obstante, eso es lo que ocurre mediante ciertas alteraciones de carácter natural.

Así pues, los virus pueden ser benignos o mortales según la condición, el estado y las necesidades del cuerpo en un momento dado. Se sabe que a veces una enfermedad puede curar otra; en ocasiones, una persona pasará de una enfermedad grave a una serie de otras enfermedades menos graves que aparentemente no guardan relación alguna con el problema original.

Ahora bien, en el contexto del conocimiento común occidental, y con la introducción de los fármacos modernos, os encontráis en una especie de dilema. El cuerpo sabe cómo tratar los fármacos «naturales» que proceden directamente de la tierra, tanto si son molidos o hervidos, picados o cocidos al vapor. Una amplia variedad de fármacos «manufacturados» son desconocidos para la estructura innata del cuerpo, lo que puede conducir a activar poderosos mecanismos de defensa que se dirigen contra el fármaco en vez de hacerlo contra la enfermedad en sí. En esos casos debéis utilizar otra medicina para contrarrestar la que acabáis de tomar.

Según los científicos, los virus son unidades ultramicroscópicas que pueden provocar enfermedades en las plantas y animales. Se multiplican sólo al asociarse con células vivas, y se cree que son tanto organismos vivos como proteínas complejas. Pocos científicos, sin embargo, otorgarían el mismo valor a los pensamientos.

No estoy sugiriendo que no visitéis a los médicos o que no toméis medicamentos de esa naturaleza, si creéis en la estructura de la disciplina médica que el mundo occidental ha desarrollado. Vuestros cuerpos se han acostumbrado a ella por el uso de estos medicamentos desde el momento del nacimiento. Hay muchas víctimas, pero aun así es el sistema que habéis elegido, y vuestras ideas forman vuestra realidad. No muere nadie que no haya tomado la decisión de hacerlo, y no se acepta ninguna enfermedad a ciegas. En pocas palabras, los pensamientos pueden considerarse como virus invisibles, portadores, chispas que incitan reacciones no sólo dentro del cuerpo sino en todo el sistema físico tal como lo conocéis.

Los pensamientos son tan naturales y reales como las células del cuerpo, e interactúan entre ellos como lo hacen los virus. Mientras os encontráis en esta realidad no existe separación entre lo mental, lo espiritual y lo físico. Si creéis que la hay, no comprendéis lo suficiente la espiritualidad de la carne o la realidad física del pensamiento.

Tal como mencioné, los pensamientos “son” tan naturales como lo es cualquier parte del cuerpo. Son tanto una parte de la naturaleza como lo son los sentimientos; pero, si establecéis una división arbitraria -al considerar los pensamientos como mentales y distinguirlos de lo físico-, el cuerpo os brindará un reflejo más fiel de vuestro ser del que os ofrecerán vuestros pensamientos.

En el funcionamiento espontáneo del cuerpo podéis ver la fácil movilidad del alma, el «ir con aquello que soy», lo cual es una indicación de la libertad interna del alma y, a la vez, de un sentido innato de propósito. Todas las partes de la realidad corporal son versiones en la carne de la realidad del alma, así como cada parte del universo exterior refleja una interior. El universo interior es tan vivo y natural y cambiante como el mundo exterior. Los fenómenos físicos son sólo un fragmento de lo que es la naturaleza, y todas las realidades son naturales.

Para vuestro entendimiento, las probabilidades son extensiones y variaciones basadas en el principio del crecimiento, que es evidente en vuestra realidad diaria. Dicho crecimiento es una manifestación natural que florece en vuestra área particular de realidad, observable para vuestros sentidos. Pero existen otras manifestaciones totalmente naturales de ese principio, aunque algunas sólo podéis vislumbrarlas de forma distorsionada porque no percibís ciertas condiciones «naturales». Las probabilidades os involucran en un rico crecimiento y desarrollo psicológico que, aunque presente no percibís en vuestro «terreno». Cualquier tipo de existencia tiene lugar dentro del contexto de la naturaleza, y la naturaleza incluye el alma, pero vuestra definición de la naturaleza es demasiado limitada.

Es natural vivir después de la muerte, y natural devolver el cuerpo a la tierra y [después] formar otro. Es natural que los pensamientos sean tan rápidos, tan vivos y con tanta capacidad de reacción como los virus. Es natural que tengáis seres probables así como existencias reencarnatorias.

Cuando consideráis que las ideas son mentales y están al margen de la naturaleza, os sentís separados de la naturaleza misma. Cuando imagináis la vida después de la muerte como algo no natural o sobrenatural, os sentís separados, aislados y perplejos. Debéis tratar de comprender que existen distintos tipos de naturaleza dentro de la Naturaleza. Vuestra vida física -vuestra naturaleza humana-, tal como la entendéis, depende de un tiempo en que no erais. Debéis comprender que, en este sentido, no ser es tan natural como ser físicamente. Vuestra existencia antes y después de la muerte es un fenómeno tan normal como vuestra vida actual.

Extracto de Habla Seth III
A través de Jane Roberts

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