@solitalo

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SESIÓN 632, 15 DE ENERO DE 1973 2I.OO LUNES

Como la mayoría de vosotros sabéis, los átomos que componen vuestras células, así como las células mismas, mueren y se sustituyen constantemente. La materia de los órganos internos varía, y aun así éstos siempre mantienen su forma. Su identidad resta intacta.

También vuestra propia identidad está segura en medio de todos estos nacimientos y muertes que vuestro ser consciente no advierte. Se conserva la memoria de todas sus experiencias, y cada célula recuerda su pasado aunque todos sus componentes se sustituyen constantemente.*

Al igual que las células tienen su propia memoria, también la mente consciente tiene un tipo de memoria más manifiesta. Los pensamientos conscientes actúan como gatillos, pues activan los dos tipos de memoria. Dentro del ser físico, cada suceso «pasado» feliz, expansivo, traumático o trágico queda registrado indeleblemente. Para que lo entendáis, ése es vuestro material de trabajo, la memoria del ser físico desde el momento de su “concepción” en forma corpórea. En vuestra memoria hay complejas organizaciones y marcos asociativos, tanto en las profundidades de la estructura celular como en los niveles más elevados de la actividad consciente.

Anteriormente comparé los pensamientos con los virus. Pensad en ellos como células electromagnéticas, que sólo difieren de las células físicas del cuerpo en la naturaleza de su materialización. Los pensamientos dirigen el funcionamiento general de las células del cuerpo, aun cuando no conozcáis conscientemente cómo funcionan estas células. Este trabajo es inconsciente.

A su modo, cada célula física es un cerebro en miniatura, con memoria de todas sus experiencias y de su relación con otras células, y con el cuerpo en conjunto. A vuestro entender, esto significa que cada célula funciona con una imagen innata de toda la historia del cuerpo, pasada, presente y futura.

Ahora bien, esta imagen está en constante cambio y es móvil. Una alteración en una única célula es percibida al instante por la conciencia corporal (la conciencia conjunta de las células), que también percibe el efecto futuro. Esta información se utiliza junto con otros datos del cuerpo, y se realiza una predicción.

Luego se lleva a cabo una valoración de esta predicción del cuerpo, y a más niveles de lo que me resulta posible explicar. Brevemente, la imagen se «muestra» en un escenario invisible donde se unen el espíritu y la carne. Dicho escenario no es un lugar, naturalmente, sino un estado interno de conciencia Gestalt, un estado que se activa por medio de diversas interacciones que tienen lugar en las partes más insondables del cuerpo. Se forman estructuras magnéticas. Se crean a un nivel físico mediante cierta activación de los nervios donde «se saltan» las pautas normales, por así decirlo, y se forman imágenes. Los nervios y las estructuras celulares de sus terminaciones toman imágenes. Éstas se juntan y se utilizan para formar la imagen general del estado del cuerpo.

* Podemos definir la célula como una diminuta unidad de protoplasma y muy compleja. Normalmente se compone de un núcleo, una materia viva semifluida, y una membrana. Las ideas de Seth acerca de la memoria celular añaden muchas nuevas dimensiones…

Estas no son imágenes tal como vosotros las concebís, sino información altamente codificada, impresa electromagnéticamente, que no aparecería como imágenes al ojo físico y que sólo el cuerpo puede percibir. Este procedimiento es tan superior a cualquier cosa que conozcáis, que el cuerpo recoge en realidad imágenes precognitivas de su condición futura, como si la situación del cuerpo actual fuera proyectada hacia el futuro.

Esta imagen precognitiva se contrasta después con dos modelos. En primer lugar, se coteja con el estándar de salud ideal del cuerpo en su caso en particular, su grado máximo de plenitud. Luego se coteja con la imagen del cuerpo que le envía el ser consciente, e instantáneamente se establecen una serie de correlaciones. En un marco organizativo que por supuesto sería la envidia de los mayores avances tecnológicos, se accionan una serie de comunicaciones de uno a otro lugar con gran rapidez. El cuerpo realiza todos los cambios necesarios para que las dos imágenes se correspondan con el estado corporal del momento.

«Seth nos concedió una pausa porque sí-dijo Jane-. Tiene preparado mucho más para decir. Creo que también podría hablar sobre el libro que compramos la semana pasada, por lo menos un poco.»

El libro al que se refería Jane es una recopilación de experimentos con ritmos biológicos animales y humanos. No lo hemos acabado de leer aún, pero desde nuestros puntos de vista ya estamos cuestionando algunas de las conclusiones que se extraen en él. Creemos que Seth ofrece continuamente una visión mucho más profunda de lo que son estos ritmos.

Hasta cierto punto, hay un equilibrio innato. El cuerpo reacciona de tal modo al pensamiento consciente, que posee su propio sistema innato de autoconservación y su propia imagen de satisfacción que le sirve de guía.

Supongamos que a la edad de cuatro años sufristeis un grave accidente, a las 3.20 de la tarde. Estaba nevando, y vuestra madre hacía un pastel en esos momentos. Imaginad que os quemasteis gravemente una mano. A pesar de que veinte años después -digamos- el tejido entero de esa mano se ha quedado reemplazado por completo, la identidad de cada una de esas células nuevas recuerda la lesión.

A esa misma hora os ocurrieron multitud de otros sucesos en distintas tardes, tanto antes como después de aquélla. Las células de vuestra mano contienen en su interior recuerdos que dejarían deslumbrada a vuestra mente consciente si los contemplara. Sin embargo, las células de vuestra mano de veinticuatro años no son físicamente las mismas células que experimentaron esos sucesos anteriores. Pero, en alguna capa profunda de sensación, se conserva constancia de los estímulos y reacciones experimentados en todas esas incontables tardes «del pasado». Sin duda, algunos de estos recuerdos se revivirán y afectarán lo que consideráis vuestra experiencia a los veinticuatro años. Son vuestros pensamientos conscientes y hábitos los que regulan cuáles de estos recuerdos se entremezclarán en el torbellino del presente.

Vosotros dais conscientemente las señales para la reacción. No es a la inversa. Los sucesos del pasado no se inmiscuyen de esta manera a menos que sean atraídos por las expectativas y pensamientos conscientes que existen en vuestra mente. Estos recuerdos inconscientes se activan según vuestras creencias actuales. Os sentís plenos y renovados cuando vuestros pensamientos despiertan sensaciones corporales y sucesos físicos felices, u os deprimís al hacer volver a la conciencia sucesos corporales desagradables del pasado.

Ambas situaciones pueden ser beneficiosas, según sea el caso. La conciencia de un peligro, por ejemplo, puede traer a la memoria toda la información referente a situaciones similares, de modo que el cuerpo pueda abordarla a partir de su vasta reserva de memoria viva. Pero los pensamientos desagradables constantes ponen al cuerpo en un estado de agitación que «no es real» y, a la vez, lo fuerzan a reactivar esas pautas antiguas.

La carne viva conoce ciertos hechos que se os escapan a nivel consciente. Sabe que muere y renace constantemente, y que aun así se conserva. Utilizo los términos «muere» y «renace» porque son los que entendéis, pero el cuerpo no. El cuerpo va y viene sin dejar de ser siempre él mismo. No se siente inferior o menguado cuando muere una célula, porque también se encuentra en el proceso de formar una nueva.

Por un momento, pensad en vuestro cuerpo como una gran célula en el instante de su nacimiento. Vosotros, el ser superior, tenéis muchos cuerpos, y cada uno se convierte en el otro cuando uno muere y renace; pero Vosotros (con mayúscula) conserváis vuestra identidad y vuestra memoria como lo hace la más pequeña célula del cuerpo.

Ésta es meramente una analogía, pero explica el concepto que vuestro cuerpo tiene de sí mismo; en su conjunto sabe que «morirá», como lo saben las partes de que está compuesto, pero también es consciente de su transformación «futura». Dentro de esta estructura, protege y conserva su estabilidad y supervivencia.

En un nivel de vuestro ser existe una zona común donde la conciencia corporal confluye con esa conciencia superior de la cual surge vuestra propia identidad. Esta es la zona del ser donde el alma y la carne se unen, tanto en el tiempo como fuera de él.

Como sois conscientes de ser, formáis vuestra realidad física a través del pensamiento consciente.

Me doy perfecta cuenta de que me repito una y otra vez al hacer esta afirmación, pero es necesario recordaros que no estáis a merced de los sucesos inconscientes. Contáis con la sabiduría innata del cuerpo, que siempre tratará de corregir vuestros errores.

Estos intentos adoptan diversas formas, algunas plenamente físicas, según vuestro parecer, y otras por distintos canales. Es posible que el cuerpo os pida cierto tipo de alimentos, por ejemplo, o bien aire fresco o ejercicio. Éstos son ejemplos sencillos, pero más adelante seremos más específicos.

Tal vez tengáis sueños que os insten a tomar una dirección específica, o que os muestren las áreas que requieren algunas correcciones. Estos sueños suelen producir cambios de conducta tanto si los recordáis por la mañana como si no. Si pedís sueños que os indiquen la dirección que debéis seguir, los tendréis. Pero, si los pedís y a la vez no creéis en la naturaleza terapéutica de los sueños, impediréis dicha actividad onírica. En este caso no sois sinceros con los contenidos de vuestra mente consciente, puesto que decís: «Tendré un sueño para que me ayude, pero no creo que pueda tener un sueño así».

Cada vez que os preocupa vuestra salud, debéis elegir qué rumbo seguir. La carne viva es vuestra, es la materialización de vuestra alma, y a través del cuerpo el alma os facilitará las respuestas que necesitáis. En el próximo capítulo comentaremos los métodos que pueden utilizarse para renovar y sanar el cuerpo, y que os ayudarán a conseguir que, desde el interior de la forma física, surjan aquellos recuerdos y experiencias que os sean más beneficiosos. Para lograr un mejor resultado, debéis recordar que las ideas están tan vivas como las células de la mano.

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